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lunes, 12 de julio de 2010

Diálogos de ruptura. Julio Cortázar. Para leer a dos voces, imposiblemente por supuesto.





—No es tanto que ya no sepamos
—Sí, sobre todo eso, no encontrar
—Pero acaso lo hemos buscado desde el día en que
—Tal vez no, y sin embargo cada mañana que
—Puro engaño, llega el momento en que uno se mira como
—Quién sabe, yo todavía
—No basta con quererlo, si además no hay la prueba de
—Ves, de nada vale esa seguridad que
—Cierto, ahora cada uno exige una evidencia frente a
—Como si besarse fuera firmar un descargo, como si mirarse
—Debajo de la ropa ya no espera esa piel que
—No es lo peor, pienso a veces; hay lo otro, las palabras cuando
—O el silencio, que entonces valía como
—Sabíamos abrir la ventana apenas
—Y esa manera de dar vuelta la almohada buscando
—Como un lenguaje de perfumes húmedos que
—Gritabas y gritabas mientras yo
—Caíamos en una misma enceguecida avalancha hasta
—Yo esperaba escuchar eso que siempre
—Y jugar a dormirse entre nudos de sábanas y a veces
—Si habremos insultado entre caricias el despertador que
—Pero era dulce levantarse y competir por la
—Y el primero, empapado, dueño de la toalla seca
—El café y las tostadas, la lista de compras, y eso
—Todo sigue lo mismo, se diría que
—Exactamente igual, sólo que en vez
—Como querer contar un sueño que después de
—Pasar el lápiz sobre una silueta, repetir de memoria algo tan
—Sabiendo al mismo tiempo cómo
—Oh sí, pero esperando casi un encuentro con
—Un poco más de mermelada y de
—Gracias, no tengo

(AMOR 77, JULITO SIEMPRE PONE LA PALABRA JUSTA!)

Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se
bañan, se entalcan, se perfuman, se peinan, se visten, y así
progresivamente van volviendo a ser lo que no son.

domingo, 11 de julio de 2010

Gibson

Gibson's Hamlet

HAMLET, DISECCIÓN DE CORAZÓN, MÁS AUSENCIAS PARA TORRISI....(¿MÁS AUSENCIAS PARA TORRISI?)




(soñaste angelito, muy profesionales que iban al grano, jugando a los gángsters) El día jueves 8 de julio se cumplen diez meses de lo que para mí ha sido el hecho que marca un antes y un después en la conducción de la existencia, vivificarlo y escenificarlo en un inadecuado lugar fue uno de los tantos errores que cometí en la última semana. (un caníbal desdentado, enseñando a masticar…) De hecho, por primera vez en mucho tiempo, desde la semana anterior venía preparando psicológicamente mi cerebro para soportar la “falta” una vez más con los cotidianos escapes llámense idas de amigas, de inexistentes personas, o escapes a lugares kilométricos donde nadie me rompa las pelotas. Com
Todo esto tiene un fin, tiene un fin en sí mismo (¿tiene un fin? Digo, la ausencia ¿tiene fin? O será que uno se acostumbra a la silla vacía y al no encontrar a la persona cuando deambula por su casa y busca encontrarse con olores (que cada vez se van yendo, de esa ropa y de esos objetos), con materialidades que permitan pensar que no se fue, que está de viaje (como solía estar). Pienso que ese día fue el día de Violencia Rivas (como me llama el Bueno de Sergio, quien me dice que así seré de aquí a unos años) y el día jueves pude expresar lo que me había ocurrido por primera vez. (condenada sangre, cosquillea tibia, no se puede soportar….) Esa vez no había tapón, sino que había discurso puro…había una llegada tardía a un Santojanni y había una Karina que se fue a trabajar como todas las mañanas de su vida, y saludó a su papá como siempre y no le sorprendió que no se hubiera levantado, ya que últimamente le costaba cada vez más caminar…y esa mañana era igual a todas las mañanas de los últimos meses en los cuales yo me había habituado a levantarme a la una de la mañana, a las dos y media y luego, a las cuatro, -sistemáticamente- para seguir a mi padre que se levantaba con la poca fuerza que le quedaba para caminar, y ver la puta madre cómo mierda le costaba caminar hacia el maldito baño. Y yo del otro lado, haciendo Imaginaria, esperando que nada le ocurriera…y el desde adentro diciendo: “No me rompas las pelotas que estoy cagando, Karina, andá a dormir” y yo no podía (ni pude) volver a dormir…
Ese día estaba dando en el colegio algo de teatro. Lo recuerdo porque son las clases que más me enfrascan y me seducen. Interesante metáfora porque no recuerdo si era “Edipo Rey” o si era “Hamlet”, para el caso es lo mismo (aunque luego veremos que no es así) y la cuestión fue que no atendí el teléfono. Justo ese día, no atendí el teléfono porque lo había apagado. (el mundo es tan lindo viejo, sin embargo nunca supe de alguien como vos, corrés con una gran golfa –colgando de las pelotas- y la vas de bailarín…)
O sea, que me perdí el circo familiar de lágrimas y llamados del tipo “vení corriendo que tu papá está internado”, cuando el mensaje debería haber sido “vení porque tu papá se murió” (cada vez que trato de escribir papá, no sé por qué razón escribo mamá…bah en realidad sí lo sé…pues ese día pasé de largo al lado de mi madre, y la miré con el desprecio con el que la miro hasta el día de hoy, por mujer, por inútil, pero por sobre todo por responsable de la ausencia que llena mi cabeza.
Dicen que con la muerte, uno debe hacer un duelo, y el duelo tiene que ver con la falta, como si uno dijera “al otro no le hago falta”, ya que en calidad de muerto, no me necesita. Mi omnipotencia hace que día a día me torture pensando que si yo hubiese estado, él se habría salvado. Complejo de “KARINA SALVADORA DE POBRES E INCAPACES”, ella se cree capaz de haber salvado y de haber interrumpido el transcurso natural de la vida y de la muerte. Ella se cree que podía haber intervenido en el DESTINO de alguien que sufría a horrores por no haber podido hacer lo que quería y lo que deseaba. (no se entiende el menú pero la salsa abunda, soy el gourmet que huele eternamente mal) Trabajar, salir, caminar, manejar, lo que sea que lo mantuviese alejado de esta casa en la que cada vez hay menos espacio. Donde cada vez que uno mira, es tan grande la sensación de ahogo que pareciera no tener fin.

Ese día yo paso de largo a mi madre y paso de largo a todos los llorantes y clamantes que para el caso son lo mismo. Los paso de largo y voy directo a la guardia, donde me espera mi primo Francis. Él no me sostiene, él me agarra para que no siga pateando nada de lo que hay en la sala y para que no siga gritándole al médico que es un inoperante y que la gente se muere por su culpa y una sarta terrible de cosas que no podría ni reproducir. Acto seguido, la escena es en un lugar en Directorio y Araujo donde, acompañada de un hombre (porque mi madre no me dejó ir sola, sino que me obligó a ir a hacer ese trámite con alguien que pudiera llevarme con el auto) y termino eligiendo qué cajón me gusta para meter el cuerpo de mi padre….(QUÉ CAJÓN ELIJO PARA METER A MI PADRE Y QUÉ DESTINO LE VOY A DAR!!!!) O sea, alguien me pregunta sobre lo que voy a hacer con el cuerpo de mi padre, y la respuesta la tengo yo, ya que soy quien se hace cargo. O sea, desde allí paso a ser Torrisi, porque los “Valentín Hermanos” me llaman así, para comunicarme que están haciendo los trámites con el hospital y que sólo debo ir a reconocer el cuerpo, pues mi padre muere en camino hacia el Santojanni. Nace Torrisi con la muerte de Torrisi (mayor) y yo paso a ser la que sostiene y se hace cargo de la estructura. (me acaban el cerebro a mordiscos, bebiendo el jugo de mi corazón y me cuentan cuentos para ir a dormir…) Reconozco el cuerpo, y en un instante estoy por claudicar y por llorar…miro hacia atrás y veo a mi primo (para esto es de noche, y ya mi papá no es lo que ví a la tarde…son las diez de la noche y mi papá no es eso que está en una bolsa azul o negra) afirmo que ese no es mi papá, que ese no es mi papá, que mi papá es otra cosa, otra persona que ESO no es mi papá… y mi primo me agarra por segunda vez en el día y termino golpeando tan fuerte su espalda que rompo una costilla.

Mi ex fue llamado en numerosas ocasiones. Él presentaba un cuadro de dureza y de paranoia que nunca pudo salir de MI CASA porque no podía con la presión. Él llegó por la noche, y le dio el abrazo a mi madre que (evidentemente) ella tanto necesitaba. Él me miró a los ojos y me preguntó cómo estaba. Ese día Juan Manuel se empezó a morir para mí. Miré a todos los presentes en casa que trataban de estar llenando un espacio físico con una compañía absurda y falaz. Yo los miraba a uno por uno, y ellos se me representaban como ausentes. Ellos no eran, no existían, no tenían entidad de nada. Yo no sentía nada. No lloré en ningún momento.

En Chacarita, nos faltó un hombre para llevar el cajón. Yo solté el brazo de mi madre –creo que fue la única demostración de afecto que tuve- y de repente, ella se colgó del brazo de mi mejor amiga Silvina. Yo llevé la parte de adelante, la parte superior, donde estaría la cabeza de mi padre. ¿Si él me sostuvo toda la vida, como mierda no voy a sostenerlo en su último momento en este plano? Tuve que agarrar el cajón con dos manos, pues no tenía la fuerza de ellos de poder cargar un cuerpo tan fácilmente. Y me costó horrores.

Todo eso pude revivirlo el jueves (en un espacio inadecuado, ya lo sé) y al igual que lo ocurrido ese día…las cosas son de un color en la mañana y son de otro pasadas las horas. Yo me fui a trabajar con alguien vivo, y por la tarde estaba muerto. (pero a los ciegos no le gustan los sordos, y un corazón no se endurece porque sí) Yo me fui de un lugar con alguien presente, y a la noche se vuelve una ausencia más en mi vida. Recuerdo que en Hamlet, el joven príncipe, atormentado por la figura de su padre muerto, tiene que vengar la muerte de su padre y tiene que hacer entender a su madre que ella ha cometido un perjurio contra su sangre. Él, preso de un discurso, preso por palabras, no puede pasar a la acción. No acciona, se ve estancado y se ve indeciso. Planea toda la escena, y no logra concretar nada de lo que debe hacer…(el mejor testigo se puede contradecir). Sólo acciona cuando Ofelia, su deseo, muere. Ahí, se da cuenta de que perdido su objeto de deseo debe focalizar en otra cosa, que tiene mucho para hacer y resolver. Que no puede quedarse prendado de imagos y de fantasmas. Que debe dejar ir al muerto, pero para ello debe hacer algo cruel, cortar con los lazos que lo atan a lo que más teme, y luego, a cortar consigo mismo en la postura del que espera. Hamlet espera que las circunstancias lo favorezcan, que quizás la suerte esté de su lado (si empiezo a desconfiar de mi suerte estoy perdido, pues tengo ideas cada vez menos atrevidas!) y Claudio se caiga en un resbalón sobre una espada filosa. Que quizás en un ataque de locura (¿o cordura?) su madre se dé cuenta de que la alianza con el tío incestuoso no sea lo mejor que ha hecho. Que la suerte haga que Ofelia no sea una mentirosa más que no sabe lo que quiere. Hamlet desearía que el Destino lo ayude a la tarea, pero ignora que no es un personaje de Eurípides, sino que tiene el papel de representar la duda existencial que está en todos nosotros. Hamlet necesita confirmar a la luz de la ausencia, que debe accionar para la presencia. Para justificar su existencia, apela a la ausencia de su objeto de deseo para hacer el duelo por la muerte de su padre y el horror de su madre y su tío. ¿Podrá Hamlet cumplir su cometido? (siempre fui menos que mi reputación)

jueves, 8 de julio de 2010

El dios del Sarcasmo ofende a los Olímpicos



Momo, el Sarcasmo, nació del Sueño y de la Noche. Pero aunque sus orígenes sean oscuros y tranquilos, vive de ruidosas burlas. Nada escapa a sus ojitos, que brillan atentos tras la máscara.
No sólo los hombres, sino incluso los dioses temen sus palabras irreverentes, nacidas de un raciocinio rápido, que llegan veloces a los oídos y hieren el corazón.
Momo es un descontento: en la mejor actuación humana o divina, en la acción más pura o noble, siempre encuentra un motivo –por pequeño que sea- para desparramar sobre ella su burla.
Dioses y hombres se sienten desnudos cuando él los mira. Y sienten su desnudez proclamada al mundo cuando, de los labios de Momo, brota una sonrisa o un comentario que no admite réplica.
Pero la actitud tranquila de quien no pelea en serio, la sonrisa vivaz y constante, la gracia de la expresión, todo en Momo encantan y divierte cuando sus dichos feroces tienen como blanco defectos ajenos.
Desfilaba por el Olimpo, seguido por una corte sonriente, buscando siempre una víctima. El sarcasmo marcaba su gesto.
Un día, sin embargo, el miedo secreto a quedar en evidencia superó el placer de la maledicencia, y llevó s las divinidades a expulsar a Momo.
El motivo podría ser banal, pero implicaba a los dioses: cuentase que hubo un torneo de hechos fantásticos. Neptuno hizo nacer un toro magnifico, con las narices vibrando de furia.
Vulcano creó un hombre y embelesado, contemplaba su obra perfecta.
Minerva también trabajó seriamente y construyó una casa. Muy grande, muy sólida y muy cómoda. Cualquier rey daría todos sus tesoros por habitar tan bello edificio.
Los tres dioses alababan su propia obra. Cada uno estaba seguro de que su obra era la mejor. Y todos argumentaban sin escuchar los argumentos de los otros. Estaban ciegos y sordos para lo que no fuera obra de sus manos. Y por eso no llegaban a conclusión alguna.
Queriendo poner fin a la situación, llamaron a Momo como árbitro de la excelencia de sus trabajos. Serio por primera vez, el dios Sarcasmo examinó los hechos. Recorrió cada uno con mirada atenta y crítica.
Pero pronto la sonrisa burlona subió a sus labios, fruto de un pensamiento peligroso. Y expuso sus conclusiones: el toro no tenía los cuernos bien situados. Debían estar más cerca de los ojos, para que el animal pudiera herir con más precisión. O, sino, más cerca de los omóplatos, para que su golpe tuviera redoblada violencia.
El hombre de Vulcano tampoco escapó a la crítica: no era perfecto, como su autor pensaba. Le faltaba una ventana en el corazón: así todos podrían ver sus sentimientos.
Quedaba la casa de Minerva. Momo la recorrió, tocó sus paredes, y opinó: era extremadamente sólida. La diosa exultó sintiéndose victoriosa.
Pero pronto la sonrisa murió en sus labios. Su casa decía Momo, era sumamente sólida, lo que impedía que se pudiera mudarla en caso de mala vecindad.
La ira de los dioses, ofendidos y ridiculizados, se descargó sobre Momo. Se levantaron voces airadas y violentas. Los puños se cerraron amenazadores.
Y ese fue el último día que Momo pisó el Olimpo. De allí lo expulsaron, sin sonrisas, los rostros contraídos, ordenándole que no volviera nunca más.
Momo, el Sarcasmo, fue a dar entre los hombres. Comenzó a vivir entre ellos, hablando y riendo como si nada hubiese perdido. Y entre los humanos también encuentra innumerables motivos de diversión

miércoles, 7 de julio de 2010

Pulp Fiction - Dancing Scene [HD]



SE SOLICITA CON SUMA URGENCIA UN HOMBRE QUE SEPA BAILAR COMO TRAVOLTA, NO PEDIMOS UN BELLO HOMBRE, NO PEDIMOS QUE TENGA HOYITO EN LA BARBILLA....SÓLO PEDIMOS ALGUIEN QUE TE HAGA LA SEGUNDA PARA BAILAR...YA SÉ QUE HOMBRE QUE SUPERE EL METRO SETENTA NO PUEDE BAILAR PORQUE NO LE LLEGA AGUA AL TANQUE....YA SÉ QUE NO SE PUEDE TRATAR DE TAPAR EL SOL CON LA MANO, YA SÉ QUE NO HAY CHANCES DE NADA...PERO QUIZÁS POR ESTE MEDIO PUEDA EXORCIZARME LA CARA DE TARADA QUE TENGO POR HABGER RECIBIDO UNA SONRISA....ME DESAGRADO TANTO PERO TANTO EN ESTE MOMENTO QUE HASTA ME DA VERGUENZA HABERME PUESTO A MIRAR VIDEITOS ROMANTICONES DE PELICULITAS TARANTINESCAS...ME DA VERGÜENCITA...PERO EN QUÉ MOMENTO ME DEJÉ MOVILIZAR ASÍ....LA PUCHA....NO A LUGAR