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domingo, 7 de noviembre de 2010

DOMINGO DE FOCA, PELÍCULA Y CIELOS COLOR DE VAINILLA




Acabo de ver esta peli y me he quedado de piedra. Como ya se sabe,se trata de un pseudo-remake(ahora que la he visto la puedo calificar como tal) de una peli española dirigida por Alejandro Amenábar, llamada "Abre los ojos",con guión original del propio Amenábar y de Mateo Gil, director de la posterior "Nadie conoce a nadie".Supongo que todo el mundo habrá visto "Abre los ojos",por lo menos los españoles. Vanilla Sky está dirigida por Cameron Crowe ("Jerry Maguire"),con producción de Tom Cruise,que además es protagonista junto a Penélope Cruz y Cameron Diaz.

El problema con Vanilla Sky es su comparación con el original,(he intentado verla sin comparar pero me ha sido imposible)lo que denota que el sr. Crowe parece haberse enterado de muy poco en los innumerables visionados que dice haber efectuado de la de Amenábar, en temas tan básicos como son la propia historia, las motivaciones de los personajes, los diálogos, el ritmo, en definitiva, en prácticamente todos. Como película independiente, sin tener conocimiento previo de la cinta española (como le sucede a la mayoría del público americano), es correctita, estimable, diría yo incluso, pues la canción no deja de ser buena aunque el cantante esté afónico; pero es cuando la confrontas con aquella cuando aparece el desastre...

La verdad es que Crowe ha seguido con bastante precisión el guión original,y es en los cambios que ha introducido donde encontramos los primeros errores,o sea que lo que no ha copiado está francamente mal enfocado,y lo que ha copiado lo ha copiado mal,empezando por los personajes:la actitud de los mismos no respeta la idea original,lo que conduce a la confusión del espectador.


Un ejemplo:en la escena de la discoteca Sofia debe parecer distante e incomoda ante la situación de encontrarse nuevamente con David tras el accidente, y debe acabar disgustada y queriéndose marchar cuando éste está ya todo borracho y la agobia, pero en la versión de Crowe, Sofía siempre está sonriente y complaciente para con David, luego no presenta la motivación adecuada para querer abandonar el local con ánimo de no volver a ver nunca a David. Y como este ejemplo, mil (el pérfil que se nos presenta de Julie Gianni no es para nada el de una suicida; no vemos previo al accidente ningún detalle que denote una perturbación psicológica como sí lo veíamos en "Abre los Ojos".Cameron Díaz me parece totalmente inadecuada para el papel que interpreta (que no lo hace mal, pero eso no tiene nada que ver). Se trata de un personaje que nos tiene que parecer odioso, una psicópata de la que hay que deshacerse, alguien que nos haga entender y hasta solidarizarnos con el estúpido FORRO que cayó en sus redes sin darle importancia y ahora pretende librarse de ellas (el antológico "porque me toca los huevos" de Noriega, que es una de las pocas frases que no han repetido en Vanilla). Esto lo conseguía a la perfección la Nimri, una actriz de imagen propensa a la antipatía, pero... ¿alguien es capaz de tragarse que la angelical e hipermaciza Cameron Díaz pueda ser desplazada de la vida o la cama de cualquier mortal por una Penélope Cruz de aspecto anoréxico que, además, cuando más guapa sale es cuando ya no tiene que competir con nadie? pero lo peor llega cuando ya en la fase irreal (sueño de David), Julie/Díaz se transforma en Sofía estando con él en la cama. Aquí es VITAL que cuando Cruise se vuelva loco al verla y grite y le pregunte que qué ha hecho con Sofía, ella se comporte con lógica: como si fuera la misma Sofía sólo que con otra cara (que es realmente lo que es), pero no, la Díaz lo que hace es... ¡reírse! reírse en plan psicópata, en plan Jack Nicholson en el resplandor... aún cuando David la ata a la cama... se ríe... ¡Ésto es una estupidez! ¡Por qué se ríe esa mujer!

Otra cosa que le resta credibilidad a la peli es el maquillaje,que me parece estupendo y está muy conseguido, pero no para esta películas un maquillaje para "El hombre sin rostro" o para "El feo",pero no para esta peli. El asunto de la careta ya era quizá el de más complicada aceptación en Abre los ojos, pero ahí el personaje protagonista, cuya vanidad queda bastante mejor definida que en Vanilla sky, queda convertido en un monstruo, en tanto que a Cruise le vemos deformado, sí, pero no tanto como para que entendamos la prótesis facial.

Y ahora el final...mal resuelto también...Explicaciones innecesarias por excesivas y escamoteo de escenas vitales en la original (lo cual es raro, porque calca casi todo, pero en lo más interesante es cuando se introducen más cambios, y
a peor, ya digo). Por ejemplo, el paulatino conocimiento que irá adquiriendo el psiquiatra de su condición y su negativa final a aceptar el hecho, que en esta versión se resume en que ya en la azotea, el psiquiatra (un caracartón Kurt Russell que no mueve un músculo facial en toda la película) se da cuenta de su situación y... ¡se resigna, y se despide de David! Toma ya. Cuando debería llorar desconsoladamente al saberse inexistente, en lo que es el momento soberbio de Abre los Ojos. Otro tanto sucede con Sofía, que en lugar de aparecer confundida y melancólica ("¿pero... quiénes sois...?" ---"No lo sé...", en la original), y ésto entronca con lo que comentaba más arriba sobre las actitudes incorrectas que presentan los personajes, se muestra sonriente y pizpireta, encantadísima con el hecho de saberse un personaje ficticio.
Y que me dices de ese MOMENTAZO dramatico donde los haya que se han sacado de la manga con el: "servicio teeeeeeeecnicooooooooo, servicio teeeeeeeecnicooooooooo, servicio teeeeeeeecnicooooooooo........." (lease con voz de Rocky estilo "Adriaaaan")



Ya he hablado antes del papel de Kurt Rusell.En la peli original,el personaje del psiquiatra es fun-da-men-tal para la trama.Es un personaje clave. No podemos pedirle a Kurt que interprete su personaje de forma tan magistral como lo hace Chete Lera en "Abre los ojos",puesto que el fallo es de guión. Como han podido casi suprimir a este personaje ?.Gracias a eso nos hemos perdido la sesión de hipnosis, porque no hay que olvidar que toda la peli se basa en que este personaje ayuda al protagonista a RECORDAR,algo que parece le ha pasado desapercibido a Cameron Crowe,que ha suprimido también la escena que ocurre fuera del edificio de Life Extensions,la del tiroteo en la que,otra vez,desaparece toda la gente.


La explicación del personal de LE sobre en qué consiste la criogenización,en qué consiste la opción de vivir un sueño,es fundamental para entender la peli...si no se entiende esta parte,no se entiende nada,porque es justo un momento muy confuso para el espectador,no sabe si es sueño,realidad,o qué diablos pasa...pues esta explicación en Vanilla Sky es NULA,no vale nada,no se entiende nada,con mucha multimedia,eso si,pero con las barritas de la vida y del sueño,la explicación es mucho más clara,se entiende a la primera.


Hay dos momentos clave que,de haberse respetado,hubieran hecho subir esta película algunos puntos.Una es la anteriormente citada escena del tiroteo de LE,y otra es,como no,la conversación en el bar entre el protagonista y el personaje de Life Extensions.No debieron quitar del guión dos frases amblemáticas de "Abre los ojos" que son:
César:¡¡Quiero la verdad!!
Mr.Duvernois:¿La verdad?...Puede que no la soportaras

y además:

Mr.Duvernois:Este infierno...Te lo has inventado tú...

Crowe también ha suprimido la escena del parque,en la que Sofia está trabajando de mimo y se pone a llover.Es el primer encuentro entre los dos protagonistas despues del accidente,y también tiene una fuerte carga dramática,porque Sofia es "desenmascarada" gracias a la lluvia que va borrando poco a poco su maquillaje,y ahí podemos disfrutar de otro momento mágico de la peli,aderezado con un espectacular refuerzo musical.Crowe ha preferido convertir a Sofia en una bailarina de NY,con lo que se carga esa magia que desprendía al trabajar de mimo,y en el primer encuentro entre David y Sofia,que tiene lugar en un gimnasio-escuela de danza,encontramos otra vez la postura equivocada de Sofia,porque otra vez cuando se tiene que mostrar distante y cortante y no querer ni mirarlo a la cara,vemos a una Sofia encantada de volver a encontrarse con David,y No es David quien le dice que podrían quedar algun dia sino ella misma quien le hace tal sugerencia (como si hubiese estando esperando este momento),pero si hasta le da un beso!,lo que echa por la borda nuestro momento dramático.

La fluidez de algunos diálogos también han desaparecido aquí,como por ejemplo en la escena de la primera fiesta del protagonista...

Sin embargo,esta peli tiene tres cosas que mejoran el original:

-La escena de Time Square:esta escena está francamente bien,y creo que supera a "Abre los ojos",pero eso estaba claro,y no lo digo porque Time Square esté mejor que la Gran Via madrileña para esta escena....el escenario es lo de menos,lo que cuenta es el significado de la escena,y creo que está más lograda en Vanilla Sky,porque además es más larga.Ahí se nota la diferencia presupuestaria de una peli y otra,y es que hay que recordar que Amenábar rodó la escena de la Gran Via un año y medio antes de empezar el rodaje de "Abre los ojos" (esto lo cuenta él mismo en el DVD,y también cuenta que Eduardo Noriega fue muy listo:en mitad de la escena se gira hacia la cámara enseñando claramente su rostro,asegurándose así el papel protagonista un año y medio más tarde),se trataba de su segunda película y por lo tanto el presupuesto no daría para más grúas,más cámaras o en definitiva más planos.

Enfin, creo que me ha salido un poco largo(podría estar hasta mañana hablando de esto)."Abre los ojos" es una de mis grandes pelis,y tenía mucha curiosidad por ver como se las arreglaban los omnipotentes americanos con una buenísima historia,presupuesto (casi) ilimitado,grandes estrellas,buen director,etc... y el resultado me ha decepcionado francamente,y si antes Abre los ojos me parecía un peliculón,ahora más aún.He intentado verla sin comparar pero no he podido...es imposible no comparar..

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA




Interesantemente, nunca me pareció atractivo el librillo de García Márquez. Revisando los motivos (que nunca sobran), me doy cuenta de que es casualmente (o causalmente) porque me cae mal Santiago Nassar. Sí, me cae mal…digamos en el libro, y en la película donde actúa Ornella Mutti. No recuerdo quien era el personaje, ni menos quién era el actor (nota mental: al escribir, busque y chequee las fuentes, Torrisita!) y de repente, caigo en que había algo en sus ojos que me molestaba: los ojos me caen mal. Pero para no caer en el chiste fácil, decido no pensar en el libro, y luego de tomar sol toooooda la tarde y sentirme una divina, habiendo llegado AL PESO JUSTO (momento genial si los hay), entro en la molestia de ver un sms RIDÍCULO con “R” vibrante múltiple que me genera particularmente incomodidad, puesto que si hay una mujer que particularmente no necesita explicaciones, ni disculpas soy yo, ya que si uno se manda una cagada, se hace cargo y se banca el moño. Y esto me recuerda a una escena que vivifiqué tiempo atrás…claro, todo tiene sentido cuando recordamos al “Perro” con quien salí durante, sino cinco, fueron siete añitos…

LA NOCHE DE LA MUERTE DEL PERRO…

Era tiernita yo, casi podemos decir que era una nena…dieciséis años con radiante alegría. Noches de fiestas de egresados que empezaban en octubre. Y recuerdo, en particular una que hubo casualmente en noviembre, porque fue “LA FIESTA” y de hecho, recuerdo que el día viernes hablé en la sesión de terapia acerca de esta fiesta y de las consecuencias que tuvo, porque OHHHH casualidad, el tiempo suele ser bastante circular….en fin… cuestión…que la onda fue así, el Perro me llama para avisarme de una fiesta, y me dice claramente que va a ir, y que yo vaya. La verdad es que a esa edad, yo no salía dos veces en la semana, digamos me dejaban salir o viernes o sábado, cuestiones de adolescente, pero en fin, me avisa con la anticipación nula, por lo que prácticamente tuve que convencer a mi fiel amiga Silvina, (Soldado de Perón uno) y otra amiga X que era en ese momento Gilda terminan haciéndome la gamba para encontrarme en la fiesta con el Can. Demás está decir, que con el Can éramos grandes amigos, para ese momento, teníamos un flirteo de esos que eran de llamados diarios de horas telefónicas y besos en plazas mezclados con sexo rapidito antes que lleguen los viejos, porque con el Can yo me había iniciado….imaginaos quéee conexión que habíamos establecido…

LA ESCENA

Según Roland Barthes, al analizar el episodio de la “DEDICATORIA” que una dedicatoria es “un episodio de lenguaje que acompaña todo regalo amoroso, real o proyectado, y, más generalmente, todo gesto, efectivo o interior, por el cual el sujeto dedica alguna cosa al ser amado”. La dedicatoria del Perro, fue que cuando yo llegué con mis adoradas amigas, lo busqué para saludarlo y lo ví, interesantemente saludando con una gran calidez a una señorita. De hecho, el saludo era taaaan cálido que a mi me revolvió un poquito el estómago ya que fue ver al Perro en pleno abrazo (porque tenía brazos extremadamente largos) abrazando a una señorita, y besuqueandola con toda la cara ante mi rostro, porque la dedicatoria, no fue solamente hacia mi persona, sino fue hacia todas las personas que estaban conmigo, que eran justamente sus amigos que me buscaban porque el Perro lo requería. Interesantemente, la imagen queda en mis retinas, y en mi iris, y yo me conduzco hacia el baño. En una honda respiración, se me escapa un terrible vomito que mancha el piso, y dos amigas del Perro sonríen ante la imagen de la descompostura. Realizado este acto, enjuago mi boca, sin dejar de mirarme en el espejo, y fue como si me hubiese poseído un súcubo, porque salí, divina, bailando con mis amigas, porque en definitiva nada de eso me había afectado. Claro que me retiré del mismo espacio, para estar en una distancia prudencial, en la cual, interesantemente el Perro me busca, para ofrecerme una cerveza, la cual acepto y me la tomo con sus amigos: el Rulo y Malarino quienes interesantemente se quedaron a mi lado, indignados por la escena dedicada y porque el ridículo can, trajo una cerveza “a son de qué”, digamos, andá al patio y seguí besuqueándote con la prima de Nolan, no me jodas la paciencia, uno diría…pero yo, joven e inexperta, carente de discurso, tomé la cerveza y emprendí la retirada con uno de sus amigos, que de hecho, era mi amigo: el Nono. Demás está decir que terminé embriagada a dos cuadras, indignada y a las puteadas y violentísima como era de pendeja. Sin embargo, lo interesante fue que el Perro sale, y encima de todo quiere venir a hablarme a pedirme disculpas de algo que “se le fue de las manos”, yo recuerdo haber contestado que “me pareció que estaba precisamente la chica en sus manos, no entiendo qué se te fue de las manos…” y me di media vuelta y me fui para mi hogar con Sebastian, y el Rulo y el Perro detrás…porque íbamos para el mismo lado…

LA CONSECUENCIA DE LA NOCHE.

Creo haberme enojado. Pero creo mucho mas haberme decepcionado. Y no está buena la decepción…porque lo que siguió fue la condena a muerte del Perro. El Perro sabía que yo iba a estar, el Perro sabía que yo lo quería una banda, y el Perro sabía que había confianza. El Perro ignoraba que gracias a ese acto, inauguró una cadena en mi vida. Justamente la cadena de la que hablé el día viernes…porque luego de las disculpas del Can, y los pedidos de disculpas, ya nunca más lo vi como debía verlo. De hecho, luego de ese acto, al tiempo terminamos siendo “novietes adolescentes”, pero esa herida narcisística nunca la pude cubrir, y él lo supo siempre…por lo tanto él dejó en claro que pagaría el precio necesario para no perderme. Y lo necesario en ese momento era la venganza. La crueldad con crueldad. Ese fin de semana me agarré a dos de su equipo de voley, y terminé enroscada con dos compañeros del colegio. Digamos, la dedicatoria siempre te la multiplico (si puedo, por siete). Sin ir más lejos, me termino agarrando a un tal Marcelo, interesantemente del barrio, de Pieres y zequeida, o esos lares. Estaba enojada y herida. Y esa fue la cadena que nunca pude cortar con el Perro, porque yo jamás le perdoné ese acto, y por ende, nunca le creí las disculpas, y encima de todo me pasé por el orto todo lo que vino después, porque me encargué de cagarlo, destruirlo moralmente, hasta el punto que debió irse del país para poder cortar conmigo. El Perro, con su inocencia, estupidez y su falta de tacto, perdió la única virtud que tengo: la BONDAD. Yo al Perro lo bancaba, estudiábamos juntos, él venía a comer a casa y en su casa me hacía lentejas con aceite. El Perro me llevaba de la mano a caminar y a comer en Pizza Ugis de Corrientes para que yo viera libros y el era feliz, porque yo sonreía. Lamentablemente, ahí, luego del hecho, dejé de sonreír(le) y me di cuenta de que nunca más le iba a creer una palabra de lo que me dijera. Nunca más iba a confiar en el Perro, porque no fue su destino ser perro sino lobo. Y no fue solamente una dedicatoria y una escena, fue un dictamen, algo que se volvió significante…porque no hay retorno de esas cosas.

EL DICTAMEN

El tiempo es cíclico, y la vida nos enfrenta a mismas situaciones y cambian las personas y los lugares. La pregunta en definitiva es si seguiré con el orden de lo simbólico, Ley del Talión. Disyuntivas de mientras tomaba sol, y me sonreía al verme divinas mis piernas, y flacas por haber entrenado cual delfín. No hubo pensamientos por primera vez, por primera vez no hubo reacciones, ni tuve un amargo despertar. Todo por el contrario, me vine divina desde caballito en el 49 y reflexionando, perdoné al Perro por haber sido tan infantil…porque el Perro tenía diecisiete añitos al cometer ese acto. También me perdoné por haber sido una Perra haciéndole mierda la moral a un pobre pibe que se mandó una cagada. Pensé en que el orden de la vida, suele ser una sucesión de acciones y reacciones. Y por primera vez, me encontré tranquila…porque no hay ni un leve resentimiento cuando uno sabe que se va a encontrar con algo. Demás está decir que nuevamente la circularidad del outlet me enfrenta a la misma disyuntiva, y a los treinta, pisando los treinta y uno digo, por favor…no puedo sentirme más que hilárica ante las dedicatorias y ante las escenas. Sonrío ante la ridiculez de los actins, y por sobre todo, me río mucho, pero mucho de la franela verbal (sexo oral que se le dice) y me río más hay cosas que deberían no mencionarse ni realizarse, (Gracias Bailarín Patrick Scwaize en “Dirty Dancing”, y me apeno de que si se espera respuesta de mi parte, lo único que hay es LA NADA. Y cuando la nada aparece en mí, es tétrico…porque ni da hacer leña del árbol caído, porque las disculpas no te quitan lo bailado, y porque en definitiva, era el cierre necesario de muchas cosas.

Cuiusvis est errare nullius nisi insipientes in errore perseverare (Cicerón)

viernes, 5 de noviembre de 2010

HOMBRES INCAPACES.COM




Hinchada las pelotas ante la censura previa. Molesta porque se tematice de forma liviana el contenido del blò, he decidido hacer un descargo, ya no sobre uno sólo de los ejemplares sino de todos los que aparecen que casualmente más de uno debe encontrarse altamente definido (por cierto, nunca pero nunca lo anunciarán….). Ergo, noche de mierda, y necesidad de-no-ingerir-comida-para el recital-de-Bunbury provoca que yo, decida de alguna manera perder la poca racionalidad que me quedaba (que se fue en este último mes, y que si de algo debo justificarme, es de no ser “extremadamente cuidadosa” con las artes de la escritura. Claro que no soy Sor Juana, ni me le acerco a Silvina Ocampo, de ahí que sólo me parezca màs bien a la “LOCA DE MIERDA QUE ANDA POR YOUTUBE” (quien creo, que me robó la idea, y por esa misma razón, a la mierda culo con peKAs)

Queridos amigos, el tema de hoy es “Los Hombres Incapaces de Amar” y va dedicado con mucho cariño para un lindo grupo de amigos que me da tela para cortar, argumentos para sostener la tesis y que encima de todo me prestan los oìdos para de alguna manera, haciendo un “mea culpa” decir, “Sí, Karina, tenés razón, somos todos una gran mierda…”. Dicho esto, me pongo a agradecerle a Leo, el perro, quien en un arranque de sabiduría extrema me dijo tres cosas que son principios que sigo a rajatabla:

A. LAS AMIGAS NO SE TOCAN POR MÀS BUENAS QUE ESTÈN
B. LOS TIPOS QUE JUEGAN A LA PELOTA LOS MIERCOLES Y JUEVES SE VAN DE PUTAS
C. UNO PUEDE SER PUTAÑERO Y MENTIROSO, PERO NUNCA DEBE PERDER LA CARA DE POKER…

Dicho esto, agradezco a las sinceras palabras de mi colaborador anònimo, quien al son de diferentes canciones, me hace golpecito con la mano, y dice “Sì, a lugar Torrisi, yo en esta la banco” y por último a mi último amigo hombre, compañero de emociones y de piKAdas, mi querido Kun (que yaaaa sè que te hice pagar diez birras y ni siquiera te hice un pete!!!!) pero esas son cuestiones de la amistad…

Amar es una decisión, una elección y también un aprendizaje. Nadie nació sabiendo como amar. Por lo general lo hace por innatismo, así como por su nivel de autoestima, cultura y madurez. De hecho, uno por ahì se da cuenta de que està enamorado cuando de repente te ves pensando en esa persona en medio de un bondi con olor a culo, o en situaciones bien de loser como por ejemplo, en los hombros de alguno en un recital en los suburbios de Juan B. Justo y Muñecas, con un rropo en la boca…
Mucho se ha dicho sobre los hombres, algunas mujeres afirman que “todos son iguales”, que terminan por desilusionar demasiado a la mujer y que su nivel de ego los condena. Yo sostengo que todos son iguales de mierda, pero como mis amigas me dicen que soy una especie de terrorista Bin Laden de la palabra, me conformarè con decir: “la gran mayoría, porque los otros son gaaaaaays”
Sin embargo, les digo que creo fehacientemente que no es así. Hombres y mujeres aman según la manera en que han logrado manejar el dolor y los reveses de la vida, según su nivel de profundidad y según sus valores y su capacidad de levantarse. O sea, digamos en crudas palabras, luego de haber salido con la Chancha Juan Manuela, no me quedaba mucho que salir a buscar por outlets hombres que fueran “mejorcitos”, pero tampoco “la pavada”, porque en el fondo, siempre uno busca y cae en el infeliz cerdo…
Pero veamos porque algunos hombres dicen que “Son Incapaces de Amar”
¿Por qué algunos hombres dicen ser incapaces de amar?

1. 1.- Hombres que Viven Atados al Dolor de su Pasado
Cuando se ha tenido una progenitora de difícil temperamento, poco amorosa y que sobre todo tiene la mala costumbre de criticar a su hijo de manera inadecuada y destructiva, el hijo experimentará rencor y aversión hacia ella. Y esta es la primera figura femenina con la que tienen contacto; por tanto, es probable que elijan una mujer que se le parece, una que hiera, que dañe y critique y vuelva a dañar más la autoestima. Tambièn este es el caso de los hijos ùnicos (lo digo por experiencia personal) que tras vivir en un panóptico por toda su vida, de repente tienen un deseo (netamente cultural) de destruir todo lo que tienen adelante. Son simples de reconocer, porque les regalàs un camioncito para Navidad y de repente, terminan hacièndolos mierda…
Algunos hombres tienen parejas así, mujeres maltratadoras, pero un día reaccionan porque fueron engañados, abandonados o se desilusionaron. Digamos, les cabe que los trates como trapo de piso, y sos la reina del làtigo, pero en cuanto les pinta un ataque de sensiblería te vienen con el “me heriste en lo màs profundo”, que para mí lo único profundo que puede tener un tipo es su estómago…
Entonces pasa el tiempo y jamás lograron reponerse de ese dolor, de esa maltrato, sienten que dieron demasiado, que se quedaron vacíos y que no están dispuestos a volver a vivir lo mismo, no quieren arriesgarse más, no quieren luchar más y cada que conocen a una mujer la juzgan, desconfían de ella en extremo y le buscan hallar todos los errores posibles para decir que no la pueden amar, que jamás tendrán algo formal con ella. O sea, en definitiva, tienen una linda excusa para dejarse fluir “surfeando la corriente” y no hacer nada con nadie…
Y así pasan los años y nada los llena, nada les convence, dicen esperar algo especial que en el fondo nunca llegará porque no saben mirarse, porque no logran asumir que siguen heridos por el pasado, por ese dolor que hoy hacen pagar a cada mujer que pude amarlos sinceramente. Igual, no se lo merecen y a esos hay que hacerles un gualicho para que encuentren una peor que una..

2.- Deseo de Perfeccionismo: En este rubro se encuentran los hombres que han idealizado un tipo de mujer, que buscan la chica perfecta a todo nivel, la llamada chica BBLI (chica buena, bella, linda e inteligente), pero ese nivel de exigencias es aún específico; para algunos chica buena es chica sumisa, pelotuda, esa que no discute y permite que el varón lleve la manija de la relación, esa que no reclama y en general es una dependiente afectiva, una chica que permite que “ellos” hagan uso de todo el egoísmo posible que les nace.
Y por linda algunos tienen en mente la imagen de las modelos de los carteles e incluso de rasgos anglosajones, aplican el racismo olvidando que somos parte de un país mestizo. Y por ende la cosa es buscarse la rubia tetona de la propaganda, o la morocha con ojos de huevo claros que sería ideal para presentar a los amiguitos de ora club, ora oficina, ora grupo de pares de pelotudones…

Algunos las prefieren rubias o con los cabellos teñidos y otros exigen chicas imponentes y despampanantes, una niña para lucir, no para amar. Porque las minas serían el falo que ellos no tienen…ellos son lo que tienen al lado (hombre loro, tiene princesa, instantáneamente se transforma en el principe encantador de Shrek –igual sigue siendo un pelotudo a cuerda)

Y por inteligente algunos chicos tienen en mente a mujeres que se hacen problemas con nada, que no reclaman nunca, que son liberales al extremo y se hacen de la vista gorda si por ejemplo ellos son infieles. Porque como sos inteligente, en definitiva tenés claro que el tema de pasar de sábana en sábana sería una “compulsión” algo que no pueden controlar (claaaa ro porque sos un peloooootu do)
Y otros piden a la chica científica, a la chica que gane su plata y la comparta, que tenga empresa y no le quite lo suyo. Por ese rumbo, van los que quieren que la estructura les caiga de arriba, con la mina que les da todo y ellos panza arriba, sacàndose las pelusas del ombligo están relojeando por FACE, a cuantas amigas de esta boluda se pueden garchar por derecha o izquierda.

En fin, entre tanta receta y exigencia se la pasan buscando, buscando y dicen que siempre falla algo, que nunca es suficiente, cuando lo que ocurre es que temen el compromiso, temen asumir una relación donde se tiene que luchar por salir adelante en pareja con valores y con voluntad.

3.- Hombres que Necesitan Conquistar, no pueden amar a una sola: Aquí hallamos chicos que necesitan cambiar de novia como de zapatos y cada nueva mujer es un nuevo reto.
Su deseo de conquistar y ganar el corazón de la que se le antoje se parece a la promoción de las gaseosas “Junta la chapita ganadora y tendrá dicha”. Pues cada chica distinta es la chapita que falta y se obsesiona por tenerla, por conquistarla y una vez que lo consigue dice que no está enamorado, que algo lo desilusionó y sino sabe qué es, lo inventa. Porque definitivamente son inventores, y paranoicos....
En el fondo este rubro de chicos tiene baja autoestima, no se siente del todo atractivo ni capaz de inspirar amor real y busca luchar con ello. Por tanto su meta no es amar sino aplacar su dolor de sentirse poca cosa conquistando y luego humillando. Encima de todo, son el estereotipo del boludo que te lo cuenta, como para de alguna manera decir: “Soy un fanfarronazo, ¿no?”. No, respuesta, sos un imbècil….

4.- Hombres que dicen no necesitar del amor para ser felices: Aquí hallamos hombres que han decido tener relacione abiertas, sin compromiso y han consagrado su vida a otro tipo de cosas como los logros profesionales o el mundo de las empresas.
Son tipos de elevada autoestima profesional, pero intolerantes, agresivos, neuróticos y que juzgan los errores que halla en las mujeres con dureza y suelen ser machistas.
Amar no es para machos según este grupo, la mujer es complicada y solo debe ser una compañía, la dicha no la da amar a una mujer, la dicha la da todo lo que se puede comprar, todo lo que se puede pagar.


Por lo general, ninguno de los hombres de esta lista logra mirarse, ni reconocer la razón por la cual no logra amar. Son incapaces porque no les da el ego, porque no se entregan, y porque son puramente virtuales. No se bancan el moño, no sirven, son detergente: rico olor pero te hace mierda la mano, son unos seres podridos a los que hay que aprender a pisotear. Nota mental, queridas amigas…siempre adelantar el movimiento como en ajedrez...
Para todos los imbéciles que puedan decir “j ojo jo, soy de esos” les deseo toda la mierda del planeta, esa que cae y te recubre y te llega hasta el cerebro. Para los que se dicen, “solo tengo un poquito” te digo que si tenés un poquito sos poco hombre para mí. Y si no tenés nada de nada de esto…definitivamente escribime al klarana@hotmail.com, porque seguro sos gay, y por ende tenès posibilidades de ser mi novio….
Con toda la furia

TORMENTA GALÀCTIKA AZUL, CON EL ÁNIMO TORMENTOSSSSSÍSIMO

EVITA VIVE





1.

Conocí a Evita en un hotel del bajo, ¡hace ya tantos años! Yo vivía, bueno, vivía, estaba con un marinero negro que me había levantado yirando por el puerto. Esa noche, recuerdo, era verano, febrero quizás, hacía mucho calor. Yo trabajaba en un bar nocturno, atendiendo la caja hasta las tres de la mañana. Pero esa noche justo me peleé, con la Lelé, ay la Lelé, una marica envidiosa que me quería sacar todos los tipos. Estábamos agarrándonos de las mechas detrás del mostrador y justo apareció el patrón: "Tres días de suspensión, por bochinchera". Qué me importaba, rapidito me volví para la pieza, abro... y me la encuentro a ella, con el negro. Claro, en el primer momento me indigné, además ya venía engranada de pelearme con la otra y casi me le tiro encima sin mirarla siquiera, pero el negro –dulcísimo– me dirigió una mirada toda sensual y me dijo algo así como: "Veníte que para vos también alcanza". Bueno, en realidad, no mentía, con el negro era yo la que abandonaba por cansancio, pero en el primer momento, qué sé yo, los celos, el hogar, la cosa que le dije: "Bueno, está bien, pero ésta ¿quién es?". El negro se mordió un labio porque vio que yo había entrado en la sofocación, y a mí, en esa época, cuando me venía una rabieta era terrible –ahora no tanto, estoy, no sé, más armoniosa–. Pero en ese tiempo era lo que podía decirse una marica mala, de temer. Ella me contestó, mirándome a los ojos (hasta ese momento tenía la cabeza metida entre las piernas del morocho y, claro, estaba en la penumbra, muy bien no la había visto): "¿Cómo? ¿No me conocés? Soy Evita". "¿Evita?"–dije, yo no lo podía creer– . "¿Evita, vos?" –y le prendí la lámpara en la cara. Y era ella nomás, inconfundible con esa piel brillosa, brillosa, y las manchitas del cáncer por abajo, que –la verdad– no le quedaban nada mal. Yo me quedé como muda, pero claro, no era cosa de aparecer como una bruta que se desconcierta ante cualquier visita inesperada. "Evita, querida" –ay, pensaba yo–"¿no querés un poco de cointreau?" (porque yo sabía que a ella le encantaban las bebidas finas). "No te molestes, querida, ahora tenemos otras cosas que hacer, ¿no te parece?" "Ay, pero esperá", le dije yo, "contame de dónde se conocen, por lo menos". "De hace mucho, preciosa, de hace mucho, casi como del África" (después Jimmy me contó que se habían conocido hacía una hora, pero son matices que no hacen a la personalidad de ella. ¡Era tan hermosa!) "¿Querés que te cuente cómo fue?" Yo ansiosa, total igual tenía el encame asegurado: "Sí, sí, ay Evita, ¿no querés un cigarrillo?", pero me quedé con las ganas para siempre de enterarme de esa mentira (o me habrá mentido el negro, nunca lo supe) porque Jimmy se pudrió de tanta charla y dijo: "Bueno, basta", le agarró la cabeza –ese rodete todo deshecho que tenía– y se la puso entre las piernas. La verdad es que no sé si me acuerdo más de ella o de él, bueno, yo soy tan puta, pero de él no voy a hablar hoy, lo único que el negro ese día estaba tan gozoso que me hizo gritar como una puerca, me llenó de chupones, en fin. Después al otro día ella se quedó a desayunar y mientras Jimmy salió a comprar facturas, ella me dijo que era muy feliz, y si no quería acompañarla al Cielo, que estaba lleno de negros y rubios y muchachos así. Yo mucho no se lo creí, porque si fuera cierto, para qué iba a venir a buscarlos nada menos que a la calle Reconquista, no les parece... pero no le dije nada, para qué; le dije que no, que por el momento estaba bien, así, con Jimmy (hoy hubiera dicho "agotar la experienc ia", pero en esa época no se usaba), y que, cualquier cosa, me llamara por teléfono, porque con los marineros, viste, nunca se sabe. Con los generales tampoco, me acuerdo que dijo ella, y estaba un poco triste. Después tomamos la leche y se fue. De recuerdo me dejó un pañuelito, que guardé algunos años: estaba bordado en hilo de oro, pero después alguien, no supe nunca quién, se lo llevó (han pasado tantos, tantos). El pañuelito decía Evita y tenía dibujado un barco. ¿El recuerdo más vivo? Bueno, ella, tenía las uñas largas muy pintadas de verde –que en ese tiempo era un color muy raro para uñas– y se las cortó, se las cortó para que el pedazo inmenso que tenía el marinero me entrara más y más, y ella entretanto le mordía las tetillas y gozaba, así de esa manera era como más gozaba.

2.

Estábamos en la casa donde nos juntábamos para quemar, y el tipo que traía la droga ese día se apareció con una mujer de unos 38 años, rubia, un poco con aires de estar muy reventada, recargada de maquillaje, con rodete... Yo le veía cara conocida y supongo que los otros también, pero era un poco bobo, andaba con Jaime que se estaba picando con Instilasa y yo le tenía la goma, se lo comenté en voz baja y él me dijo algo así como: "cortála loco sabés que sí". Con los ojos en blanco, parecía hacerlo de modo impersonal. Nos sentamos todos en el piso y ella empezó a sacar joints y joints, el flaco de la droga le metía la mano por las tetas y ella se retorcía como una víbora. Después quiso que la picaran en el cuello, los dos se revolcaban por el piso y los demás mirábamos. Jaime apenas me daba un beso largo, muy suave, para eso sí que era genial, porque dos pendejos repálidos se rayaron totalmente entre lo gay y la vieja y se fueron. Pero estaban los blues en la puerta y a los cinco minutos se aparecieron todos con el subcomisario inclusive, chau loco, acá perdimos, menos mal que no había ningún menor porque Jaime había cumplido los 18 la semana pasada, pero igual loco, le habíamos pedido el rouge a Evita y estábamos casi todos pintados como puertas tipo Alice Cooper. Los azules entraron muy decididos, el comi adelante y los agentes atrás, el flaco que andaba con un bolsón lleno de pot le dijo: "Un momento, sargento" pero el cana le dio un empujón brutal, entonces ella, que era la única mujer, se acomodó el bretel de la solera y se alzó: "Pero pedazo de animal, ¿cómo vas a llevar presa a Evita?" El ofiche pálido, los dos agentes sacaron las pistolas, pero el comi les hizo un gesto que se volvieran a la puerta y se quedaran en el molde. "No, que oigan, que oigan todos –dijo la yegua– , ahora me querés meter en cana cuando hace 22 años, sí, o 23, yo misma te llevé la bicicleta a tu casa para el pibe, y vos eras un pobre conscripto de la cana, pelotudo, y si no me querés creer, si te querés hacer el que no te acordás, yo sé lo que son las pruebas". (Chau, fue un delirio increíble, le rasgó la camisa al cana a la altura del hombro y le descubrió una verruga roja gorda como una frutilla y se la empezó a chupar, el taquero se revolvía como una puta, y los otros dos que estaban en la puerta fichando primero se cagaban de risa, pero después se empezaron a llenar de pavor porque se dieron cuenta de que sí, que la mina era Evita). Yo aproveché para chuparle la pija a Jaime delante de los canas que no sabían qué hacer, ni dónde meterse: de pronto el flaco del trafic entró en el circo y se puso a gritar: "Compañeros, compañeros, quieren llevar presa a Evita" por el pasillo. La gente de las otras piezas empezó a asomarse para verla, y una vieja salió gritando: "Evita, Evita vino desde el cielo". La cosa es que los canas se las tomaron, largaron a los dos pendejos que encima se hacían muy los chetos, y ella se fue caminando muy tranquila con el flaco, diciéndole a la gente que estaba en el patio primero y después en la puerta: "Grasitas, grasitas míos, Evita lo vigila todo, Evita va a volver por este barrio y por todos los barrios para que no les hagan nada a sus descamisados". Chau loco, hasta los viejos lloraban, algunos se le querían acercar, pero ella les decía: "Ahora debo irme, debo volver al cielo" decía Evita. Nosotros nos quedamos quemando un poco más y ya nos íbamos, entonces algunas tipas nos hicieron pasar a las habitaciones para que les contáramos –las mismas que hasta hacía una hora nos habían hecho una guerra que no podía ser–. Jaime y yo les hicimos toda una historieta: ella decía que había que drogarse porque se era muy infeliz, y chau, loco, si te quedabas down era imbancable. Claro, la gente no nos entendía, pero como no estábamos haciendo laburo de base sino sólo public relations para tener un lugar no pálido donde tripear, no nos importaba. Estábamos relocos y las viejas déle coparse con el llanto, nosotros les pedimos que ese bajón de anfeta lo cortaran, sí, total, Evita iba a volver: había ido a hacer un rescate y ya venía, ella quería repartirle un lote de marihuana a cada pobre para que todos los humildes andaran superbien, y nadie se comiera una pálida más, loco, ni un bife.

3.

Si te digo dónde la vi la primera vez, te mentiría. No me debe haber causado ninguna impresión especial, la flaca era una flaca entre las tantas que iban al depto de Viamonte, todas amigas de un marica joven que las tenía ahí, medio en bolas, para que a los guachos se nos parara pronto. La cosa es que todos –y todas– sabían dónde podían encontrarnos, en el snack de Independencia y Entre Ríos. Allí el putito Alex nos mandaba, cada vez que podía, viejos y viejas, que nos adornaban con un par de palos, así después a él le hacíamos gratis el favor y no le andábamos afanando el grabador o las pilchas. De ésa me acuerdo por cómo se acercó, en un Carabela negro manejado por un mariconcito rubio, que yo ya me lo había garchado una vez en el Rosemarie. Con las pibas estábamos haciendo pinta junto al puesto de flores, así que me llamó aparte y me dijo: "Tengo una mina para vos, está en el coche." La cosa era conmigo, nomás. Subí.
"Me llamo Evita, ¿y vos?" "Chiche", le contesté. "Seguro que no sos un travesti, preciosura. A ver, ¿Evita qué?". "Eva Duarte", me dijo "y por favor, no seas insolente o te bajás". "¿Bajarme?, ¿bajárseme a mí?", le susurré en la oreja mientras me acariciaba el bulto. "Dejáme tocarte la conchita, a ver si es cierto". ¡Hubieras visto cómo se excitaba cuando le metí el dedo bajo la trusa!
Así que fuimos al hotel de ella; el putito quiso ver mientras me duchaba y ella se tiraba en la cama. También, con el pedazo que tengo, hacen cola para mirarlo nomás. Ella era una puta ladina, la chupaba como los dioses. Con tres polvachos la dejé hecha y guardé el cuarto para el marica, que, la verdad, se lo merecía. La mina era una mujer, mujer. Tenía una voz cascada, sensual, como de locutora. Me pidió que volviera, si precisaba algo. Le contesté no, gracias. En la pieza había como un olor a muerta que no me gustó nada. Cuando se descuidó abrí un estuche y le afané un collar. Para mí que el puto Francis se dio cuenta, pero no dijo nada. Cuando me lo terminé de garchar me dijo, con la boca chorreando leche: "Todos los machos del país te envidiarían, chiquito; te acabás de coger a Eva". Ni dos días habían pasado cuando llego a casa y me encuentro a la vieja llorando en la cocina, rodeada por dos canas de civil. "Desgraciado –me gritó–. ¿Cómo pudiste robar el collar de Evita?"
La joya estaba sobre la mesa. No la había podido reducir porque, según el Sosa, era demasiado valiosa para comprarla él y no me quería estafar. Los de Coordina no me preguntaron nada: me dieron una paliza brutal y me advirtieron que si contaba algo de lo del collar me reventaban. De esa esquina y del depto de los trolos los vagos nos borramos. Por eso los nombres que doy acá son todos falsos.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Solamente





ya comprendo la verdad

estalla en mis deseos

y mis desdichas
en mis desencuentros
en mis desequilibrios
en mis delirios

ya comprendo la verdad

ahora
a buscar la vida

LA ETERNIDAD SE ACABA, `PORQUE NUNCA EXISTIÒ....LO DICE PIZARNIK Y EL CINE







SI LO QUE IMPORTA ES EL PRESENTE, ALGUIEN ME MINTIÒ CON LA PELÌCULA “ETERNO RESPLANDOR DE UNA MENTE SIN RECUERDOS”. MI CHARLA CON MI AMIGA CONSISTE EN ALADAS PALABRAS AEDAS, “NO BORRES NADA, PUES EN DEFINITIVA EL PASADO YA PASÓ” SÓLO IMPORTA EL PRESENTE. GRANDE DILEMA, PUES EL PRESENTE SE HA CONSTRUIDO SOBRE LA BASE DEL PASADO, Y DESDE ESE LUGAR ES RARO PENSAR EN QUE LAS COSAS SON TAN EFÍMERAS…

ALGUIEN SE ENOJA PORQUE CATTERFIELD SE DECIDE MUTAR? NO, NADIE, DE HECHO ALICIA LO MIRA Y ES FELIZ PORQUE EN ALGÚN PUNTO ÉL HA CAMBIADO, SE METAMORFOSEÓ EN LA MÀS BELLA Y AZUL MARIPOSA.

CAMINABA POR LA CALLE HOY, Y ANTES DE TORCERME UN ZUECO (EL DERECHO, LLEGANDO AL TRABAJO) VI UNA MARIPOSA. NO ERA TAN LINDA, LO JURO COMO LO ERA ESA DE LA PELI. NI SIQUIERA ERA TAN GRANDE, PERO ME DIERON GANAS DE TENER UN MOMENTO DE ESOS BELLOS PARA SER ESA MARIPOSA A LA QUE NO LE IMPORTA SI DURA UNO, DOS O DIEZ DÍAS EN LA VIDA…DE HECHO DURA UNO. ¡Y QUE TE IMPORTA SI TOTAL, EL MAÑANA PODRÍA NO LLEGAR NUNCA!

AÑOS LEYENDO SOBRE EL TIEMPO LINEAL. ME FUMÉ A TODOROV, Y A TODOS ESOS POETAS RENACENTISTAS Y BARROCOS QUE LO ÚNICO QUE HICIERON FUE HABLARME DE QUE EL “TIEMPO HUYE” Y QUE MEJOR “CARPE DIEM” PORQUE SINO NO VOY A LLEGAR A ENTENDER QUE EL TIEMPO ES ESO MISMO, ALGO MENSURABLE Y QUE SE VA Y SE PIERDE Y DE REPENTE NO ESTÀ MAS….

ENTONCES PIENSO (SIENTO) QUE EL TIEMPO NO ES TAN LINEAL COMO DABA ESA SENSACIÓN MALDITA. SINO QUE EL TIEMPO NO ERA MÁS QUE UN CÌRCULO QUE NOS VUELVE A ENFRENTAR A SITUACIONES PARA VER QUÉ TAN SABIOS NOS HEMOS VUELTOS. SABIO NO ES QUIEN PUEDE RESOLVER EL PROBLEMA, SABIO ES QUIEN LO EVITA Y SE RETIRA ANTES DE QUE PUEDA HABER BAJAS. KA-MI-KA-ZE KA-RINA AL GRITO DE BANZAAAAAI SE ARROJA, Y ENTONCES PUEDO IR CON LA FRENTE ALTA DE SER ESO QUE DE TANTO TROPEZAR, APRENDE COMO KAER….

Y DE REPENTE ME RIO MUCHO, ME RIO DE LEER, ME RIO CON LA PANZA CARNAVALESCA, ME RIO DE QUE LAS COSAS TENGAN A VECES ESOS FINALES Y ME RIO CUANDO RECUERDO AL POBRE TIPO BAJO LA MESA JUNTO A SU TANGERINE….Y ALGUIEN UNA VEZ ME DIJO QUE LO MEJOR ES DELETEAR. YO HE BORRADO TODO LO QUE ALGUNA VEZ ME HA DEJADO TRISTE, AHORA ES CUESTION DE MIRAR HACIA LOS TRECE DIAS DE LUNAS NUEVAS….AFORTUNADAMENTE, LA LUNA ES LA CARA QUE REFLEJA PÁLIDAMENTE AQUELLO QUE ES NATURAL EN EL SOL…

Cold in hand blues

y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo

EL FIORD, UN POQUITO DE LAMBORGHINI, QUE NO VIENE NADA DE NADA MAL....





¿Y por qué, si a fin de cuentas la criatura resultó tan miserable óen lo que hace al tamaño, entendámonosó, ella profería semejantes alaridos, arrancándose los pelos a manotazos y abalanzando ferozmente las nalgas contra el atigrado colchón? Arremetía, descansaba; abría las piernas y la raya vaginal se le dilataba en círculo permitiendo ver la afloración de un huevo bastante puntiagudo, que era la cabeza del chico. Después de cada pujo parecía que la cabeza iba a salir: amenazaba, pero no salía; volvíase en rápido retroceso de fusil, lo cual para la parturienta significaba la renovación centuplicada de todo su dolor. Entonces, El Loco Rodríguez, desnudo, con el látigo que daba pavor arrollado a la cintura óEl Loco Rodríguez, padre del engendro remolón, aclaremosó, plantaba sus codos en el vientre de la mujer y hacía fuerza y más fuerza. Sin embargo, Carla Greta Terón no paría. Y era evidente que cada vez que el en-gendro practicaba su ágil retroceso, laceraba óen finó la dulce entraña maternal, la dulce tripa que lo contenía, que no lo podía vomitar.

Se producía una nueva laceración en su baúl ventral e instantáneamente Carla Greta Terón dejaba escapar un grito horrible que hacía rechinar los flejes de la cama. El Loco Rodríguez aprovechaba la oportunidad para machacarle la boca con un puño de hierro. Así, reventábale los labios, quebrábale los dientes; éstos, perlados de sangre, yacían en gran número alrededor de la cabecera del lecho. Preso de la ira, al Loco se le combaban los bíceps, y sus ya de por sí enormes testículos agigantábanse aun más. Las venas del cuello, también, se le hinchaban y retorcían: parecían raíces de añosos árboles; un sudor espeso le bañaba las espaldas; las uñas de los pies le sangraban de tanto querer hincarse en las baldosas del piso. Todo su cuerpo magnífico brillaba, empapado. Un brillo de fraude y neón.
Hizo restallar el látigo, El Loco en varias ocasiones; empero, los gritos de Carla Greta Terón no cesaban; peor aún: tornábanse desafiantes, cobraban un no sé qué provocador. La pastosa sangre continuábale manándole de la boca y de la raya vaginal; defecaba, además, sin cesar todo el tiempo. Tratábase óconfesémosloó de una caca demasiado aguachenta, que llegaba, incluso, a amarronarle los cabellos. El Loco, en virtud de ser él quien la había preñado, cumplía la labor humanitaria de desagotar la catrera: manejaba la pala como hábil fogonero y a la mierda la tiraba al fuego.
Vino otro pujo. El Loco le bordó el cuerpo a trallazos (y dale dale dale). Le pegó también latigazos en los ojos como se estila con los caballos malleros. El huevo bastante puntiagudo, entonces, afloró un poco más, estuvo a punto de pasar a la emergencia definitiva y total. Pero no. Retrocedió, ágil, lacerante, antihigiénico. Desesperadamente El Loco se le subió encima a la Carla Greta Terón. Vimos cómo él se sobaba el pito sin disimulo, asumiendo su acto ante los otros. El pito se fue irguiendo con lentitud; su parte inferior se puso tensa, dura, maciza, hasta cobrar la exacta forma del asta de un buey. Y arrasando entró en la sangrante vagina. Carla Greta Terón relinchó una vez más: quizás pretendía desgarrarnos. Empero, ya no tenía escapatoria, ni la más mínima posibilidad de escapatoria: El Loco ya la cojía a su manera, corcoveando encima de ella, clavándole las espuelas y sin perderse la ocasión de estrellarle el cráneo contra el acerado respaldar.
"Pronto, ya, ¡quiero!", musitó Alcira Fafó, a mi lado. Yo me cubrí con las sábanas hasta la cabeza y me fui retirando, reptando, hacia los pies de nuestro camastro. Una vez allí aspiré hondamente el olor de nuestros cuerpos, que nunca lavamos. "Las fuerzas de la naturaleza se han desencadenado", dije, y me zambulií de cabeza en la concheta cascajienta de Alcira Fafó. Sebastián ódigámosloó, mi aliado y compañero, el entrañable Sebas, apareció en escena: "¡Viva el Plan de Lucha!", cacarcó, desde su rincón. Yo iba a contestarle, estimulándolo, mas no pude: El Loco Rodríguez, que ya había concluido su faena con la Carla Greta Terón, comenzó a hacerme objeto óy no ojete, como dice Sebasó de una aguda penetración anal, de un rotundo vejamen sexual. Con todo, peor suerte tuvo mi pobre amigo, cuyos ojos agónicos brillaban, intermitentes, en el solitario rincón que le habíamos asignado, rincón donde yacía ótodo el tiempoó entre trapos viejos y combativos periódicos que en su oportunidad abogaron por el Terror. (Como nunca le dábamos de comer parecía, el entrañable Sebas, un enfermo de anemia perniciosa, una geografía del hambre, un judío de campo de concentraciónósi es que alguna vez existieron los campos de concentraciónó, un miserable y ventrudo infante tucumano, famélico pero barrigón).
Y así, cuando advirtió que la fiestonga se iniciaba, la fiestonga de garchar, se entiende, empezó a arrastrarse con la jeta contraída hacia el camastro donde Alcira y yo nos refocilábamos, con el agregado, a mis espaldas, del abusivo Loco, nuestro Patrón: nunca le dábamos de cojer al entrañable Sebas, casto a la fuerza, recontracalentón, que ahora débilmente se arrastraba hacia el camastro, barriendo con la cara casi las baldosas, deteniéndose numerosas veces para recuperar el aliento vital, y murmurando a cada paso "CGT, CGT, CGT...", como para despistar, o, en una de esas, a modo de oración. Él se apoyaba en sus brazos ómenos gruesos que palos de escobaó y con los pies se impulsaba hacia adelante, no sin cierto fervor. O mejor dicho todo fervor. Para siempre lo tengo retratado en mi memoria al extraordinario Sebastián. Juntos militamos en la Guardia Restauradora, años, años atrás.
Y yo lo miraba acercarse a pesar de que los rempujones del Loco no me dejaban mucho tiempo ni muchas ganas para la ecuánime, objetiva observación ¡Dogmático Sebastián! Su mirada era poesía, la revolución. Cada uno de sus movimientos trasuntaba un agradecimiento infinito hacia nosotros, que le íbamos a permitir ó él creíaó sacudirse la soledad de su carne y de su espíritu así como un perro se sacude el agua de la mar. Y si se lo permitíamos óen esa dirección su privilegiado cerebro empezó a funcionaró ¡qué importaba que nunca le diéramos de comer ni de cojer! ¡Qué importaba que su estómago siempre vacío segregara esa baba verde cuya fetidez tornaba irrespirable el aire de nuestro agusanado cuarto! ¡Qué importaba que viviera entre vómitos de sangre, molestando incluso nuestro sueño porque cada una de sus arcadas era una especie de alarido sin fe! ¡Qué importaba qué!
Adelante camarada Sebastián, entrañable amigo, perro inmundo. Casi llegó a tocarnos con sus transparentes manos. Yo estaba preso en la cárcel formada por los brazos del Loco y con la cabeza sumergida en el bajo vientre de mi cajetoidea Alcira. Mi gran amor se desbordaba. Sentí en el centro en el cero de mi ser las vibraciones eyaculatorias del pijón del Loco, mientras el clítoris de Alcira Fafó, enhiesto y rugoso, me hacía sonar la campanilla, a rebato; pero vi, vi sin embargo de reojo cómo el temible, purulento Sebastián, intentaba acariciar las bien plantadas nalgas que sobre las mías galopaban, el culo de nuestro abusivo Dueño y Señor. Entonces, malévolo y dulce a la vez, con el talón le pegué al Loco desesperadas pataditas avisativas en sus fuertes pantorrillas, pataditas objetivamente alcahueteantes, caro Sebastián. Tal como yo lo esperaba (¿y era acaso para menos?) el Patrón reaccionó de inmediato. Después de echarme su guascón en mis adánicos adentros, se irguió y le aplicó un fabuloso patadón en la garganta a mi pobre amigo: de boca abajo que estaba lo puso boca arriba. Todo un espectáculo, el musculoso pie, magníficamente posado en el suelo después del golpe, recortándose nítido contra el cuello del derrotado: yo lo vi con mis propios ojos, y qué lejos aquellos tiempos, Sebastián, cuando un suboficial dado de baja por la libertadora pacientemente nos enseñaba el marxismo.
Y un hilito de baba se le escapó al entrañable Sebas por la comisura óizquierdaó de los labios. Sus intermitentes ojos rodaron varias veces en una y otra dirección. Intentó limpiarse la boca con la mano, pero su extrema debilidad hizo que el gesto abortara: a la mitad de camino la mano no resistió más y sobre la panza enorme se le derrumbó. Los cuervos planearon sobre su figura, y yo, adolorido por la reciente penetración, lié con el elástico de las bombachas de Alcira Fafó una bolsa de hielo al área de mi desfloración.
Y también intercedí en un arranque de pietismo para que El Loco espantara a los pajarracos rapiñosos, aunque uno de ellos igual tuvo tiempo para arrancarle el dedo índice derecho al pobre Sebas, de un picotazo y tirón. Y eso era el dolor, todo el dolor, y no todo el dolor. Tenaces gotas de sangre brotaron de la frente de Sebastián. Yo me largué a llorar con desesperación. Como en la infancia: arrodillado en un rincón de la pieza, escondiendo la cara bajo el sobaco y aspirando el chivo olor. Las cucarachas me subían por la parte posterior de los muslos y, salvando el breve obstáculo de la bolsa de hielo, sometían mis lomos a una exhaustiva exploración. Entretanto, El Loco Rodríguez óHijo de Puta Amo y Señoró espantaba, en efecto, a los cuervos, mas tratándolos como si fueran viejos amigos que se han puesto un poco pesados con el alcohol y los recuerdos del tiempo que se fue (y que fue mejor) cuando no era necesaria la insurrección. Y razón ócomo a nadieó en parte al Loco no le faltó: la atmósfera repentinamente se sobrecargó: "¡A usted lo conocí en una reunión del COR!".
Valiéndose de una enorme regla T, El Loco abrió el grisáceo ventanal del techo para que los cuervos evacuaran la deformada y deformante habitación.
De uno en uno salieron, chorreando lágrimas, invocando los sagrados nombres de los caídos en la lucha, en el fragor. Y hasta con un dedo menos firmó en manifiesto el monolítico Sebas. Y El Loco del Látigo, preñador de Carla Greta Terón, desnudo como estaba salvo el orión, medio tórax afuera sacó para despedir a los oscuramente pájaros, sin rencor. En su envión: "Adiós".
Tuvo un ataque de histeria en medio de un pujo la Carla Greta Terón. Todos a una miramos hacia su lecho de parto porque ella yacente empezó a gritar: "Que se viene. Que ya está. Que se que se. Que ya estuvo. ¡Hip, Ra! ¡Hip, Ra! ¡Hip, Ra!". Explicaba en su media lengua que era inminente óy no inmierdente, como dice Sebasó, que ya paría. Y a pesar de nuestras escépticas conjeturas su cuerpo de golondrina empezó a hincharse. Mientras dilataba ella se estrujaba con las manos, de las sienes hacia abajo, para que la criatura bajara. "¡No vaya a ser que se me atranque entre los parietales!", jodió, y El Loco, ni lerdo. Ni perezoso. Le ató a las piernas una bolsa de arpillera con la boca bien abierta para que el chico de mierda cayera en su interior. Había puesto un poco de aserrín en el fondo, además, por si la cabeza se separaba del tronco. Alcira le midió la dilatación de la concha con un centímetro de modista, y luego se repajeó con una enorme vela, ella. Yo, yo me le fui al humo en seguida, al humo regodeante de Alcira, y eyaculé frotando con unción la cabeza del porongo contra la parte áspera-rajada de su talón. Y todos nos perecíamos por minetear o garchar o franelear o rompernos los culos los unos a los otros: con los porongos. Hasta el exangüe Sebastián intentó un esbozo de sonrisa lúbrica, que era una verdadera elegía a los terremotos carnales, al ejercicio o no de la procreación. Entonces apareció. Tras hacer trizas la carne rosada de la cajeta de su madre Carla Greta Terón. La cabeza raquítica. Con una boquita no mayor que el punto de un lápiz. Pero con los ojos inmensos. Inmensos de espléndidos, de tristes, de grandes: Atilio Tancredo Vacán, su cabeza emergió.
"¡Loado sea!", regurgitó El Loco cayendo de rodillas sobre un montón de turro maíz. Alcira, con los brazos abiertos, recibió un baño de luz ventanal en su cuerpo desnudo, y su vagina sonrió. Sebastián besaba mis pies enfundados en unas sucias medias negras, largas hasta las ingles, ósucias medias negras de sucio seminaristaó que, junto con el escapulario, constituían toda mi vestimenta. Y previendo lo que iba a ocurrir me erguí, sin restarle un solo centímetro a mi estatura. Era un deber hacerlo, aunque la humildad taimada que me caracteriza procurara estrangularme con mis propias manos. La baba pegajosa que fluía de mi boca me mojaba el cuerpo. Rasgué, sin embargo, todos los tapices a mi alcance. A traición, claro que a traición. Mutilé las bordadas escenas del bien y del mal, deformé su sentido, mordí algunas con mis dientes mellados. A traición. Salía un juguito dulzón, asqueroso y de rechupete y con sabor dulzón. A traición. Y todos estábamos modificados por la presencia del inmodificante Atilio Tancredo Vacán. Salté en todas las direcciones: ¡una nueva relación! Y ¡en! relación. Hombre con hombre hombre con hombres hombres hombres. Atravesé incluso aros de madera llameantes, y porque El Loco quiso fornicarme al vuelo, se me resbaló óy no relajó, como dice el intraducible Sebasó la bolsa de hielo: y no, a mí no me importó: ¡no eran momentos de andar cuidando el carajo del estilo! Me puse un frac de sirviente y un collar de perro: me los saqué rapidito, ¿no es cierto? ¡Guasca en el ojo! Con los restos de los tapices por mí rasgados me llegué hasta Carla Greta Terón, que ya tenía medio monstruo afuera, y se los di. Di. Y le dije: "¡Tomá, va, Larrecontraputamadrequeterrecontraparió Hijaderremilputas!" ¡Ya! ¡Y no! Me florié luego (y no) en unos pasos canyengues, pero no pude coronar mi baile: entre prematuros estertores, Atilio Taneredo Vaeán, ya definitivamente nacido parido escupido, cayó atroden de la sabol con los brazos y las piernas aplastados contra el cuerpo, al estilo de las momias aztecas. ¡Y no estaba muerto! "Huija", grité, "hurra, hermanos, respira y mueve la cola". Sebastián batió palmas y se arrastró hasta el lavatorio, dejando como siempre limaduras de saliva en el piso; y se prendió a la goteante canilla, lamiéndola, para engañar el estómago. El Loco, que no cabía de gozo en su rayada piel, le hizo un chiste de festejación: corrió tras él, lo tomó de las casi invisibles piernas, y lo metió de cabeza en el inodoro. Y tiró la cadena varias veces como broche de oro. Me reí a más no poder, retorciéndome, a la vez me arrastraba óyo tambiénó hacia nuestro descojonado baño. "¡Uy uy uy, qué bueno!", dije, "hacéselo otra vez; yo te ayudo, Loco". El Patrón me miró con el asco en los ojos, y provisto de súbita jeringa me aplicó una inyección de brillantina sólida: endovenosa. A los tumbos, desesperado, a punto de desmayarme vomitar o cagar hasta las tripas, fui a remodelarme a un rincón, esperando que Sebastián se permitiera algún comentario para arrancarle la piel a dentelladas, convertirlo en una pura llaga. Alcira dijo: "Yo quiero acunarlo a Atilio Taneredo Vacán; a ese chico ya se le para". "Mierda: tomá tomá y tomá: ¡es pa mí nomás!", se opuso la Carla Greta Terón. Alcira Fafó se le abalanzó para degollarla con una navaja, y como se lo impedimos le gritó, a la otra que ya se revolcaba garchando con su hijo: "ojalá que un gato rabioso se te meta en la concha y te arañe arañe arañe, la puta que te parió!"
Estallaron todos los vidrios de la casa, se hicieron añicos. La primer bola de fuego incendió la cabellera de Alcira. Esta vez, en serio, fue necesario recurrir al chiste que se le hiciera a Sebastián, que semiahogado hipaba sobre unos titulares revolucionarios. La segunda bola de fuego calcinó la mano izquierda de Carla Greta Terón. Entonces apareció mi mujer. Con nuestra hija entre los brazos, recubierta por ese aire tan suyo de engañosa juventud, emergía, lumínica y casi pura, contra el fondo del fiord.
Los buques navegaban lentamente, mugiendo, desde el río hacia el mar. La niebla esfumaba las siluetas de los estibadores; pero hasta nosotros llegaba, desde el pequeño puerto, el bordoneo de innumerables guitarras, el fino cantar de las rubias lavanderas. Una galería de retratos de poetas ingleses de fines del siglo XVIII brilló, intensamente, durante un segundo, en la oscuridad. Pero no se acabó lo que se daba. Continuó bajo otras formas, encadenándose eslabón por eslabón. No perdonando ningún vacío, convirtiendo cada eventual vacío en el punto nodal de todas las fuerzas contrarias en tensión. Por algo los vidrios se habían roto y eran bolas de fuego los ojos del lúcido, del crítico Sebastián. Tampoco era casual que mis manos rompieran el invisible aire de su contorno y, algo lastimadas, se extendieran hacia la figura de mi mujer, aunque luego se detuvieran a mitad de camino, crispadas, convertidas en dos puños increpantes, incapaces incluso de la salutación. Ella me mostró sus tobillos: dos muñones sangrantes. Ella transportaba en la mano derecha sus pies aserrados. Y me los ofrendaba a mí, a mí, que sólo me atrevía a mirarlos de reojo. Que no podía aceptarlos ni escupir sobre ellos. Que ahora miraba nuevamente hacia el fiord y veía, allá, sobre las tranquilas aguas, tranquilas y oscuras, estallar pequeños soles crepusculares entre nubes de gases, unos tras otros. Y hoces, además, desligadas eterna o momentáneamente de sus respectivos martillos, y fragmentos de burdas svásticas de alquitrán: Dios Patria Hogar; y una sonora muchedumbre óen ella yo podía distinguir con absoluto rigor el rostro de cada uno de nosotrosó penetrando con banderas en la ortopédica sonrisa del Viejo Perón. No sabemos bien qué ocurrió después de Huerta Grande. Ocurrió. Vacío y punto nodal de todas las fuerzas contrarias en tensión. Ocurrió. La acción óromperó debe continuar. Y sólo engendrará acción. Mi mujer me ofrece sus pies, que manan sangre, y yo los miro. Me pregunto si yo figuro en el gran libro de los verdugos y ella en el de las víctimas. O si es al revés. O si los dos estamos inscriptos en ambos libros. Verdugos y verdugueados. No importa en definitiva: éstos son problemas para el lúcido, para el crítico Sebastián: él sabrá prenderse con su hocico de comadreja a cualquier agujero que destile humanidad. No le damos ni le daremos de comer. Ni de cojer. Jamás. Atilio Tancredo Vacán ya gatea. Chupa de la teta de su madre una telaraña que no lo nutre, seca ideología. El Loco me mira mirándome degradándome a víctima suya: entonces, ya lo estoy jodiendo. Paso a ser su verdugo. Pero no se acabó ni se acabará lo que se daba.
El Loco Rodríguez forzó con el cabo del látigo la puerta del comedor Chippendale. Tomó a Atilio Tancredo Vacán en sus brazos y se sentó a la cabecera de la mesa, acunándolo. Yo engrillé al entrañable Sebas para conducirlo al comedor; allí lo encadené a una argolla de hierro fijada en la pared especialmente para él. Quiso rehuir la cena pretextando su cáncer Alcira Fafó; a mí con esas; le hinqué, sin más, mi estilográfica en un seno, que allí quedó colgando, apenas prendida de la piel, y la obligué óy no ogarché, como dice Sebasó a sentarse a la siniestra del Loco. Quedaba por ubicar Carla Greta Terón, menester incluido en mi pliego de obligaciones porque yo era el maître. Me cuadré, sin embargo, frente al Trompa Capanga, Amo y Señor, esperando órdenes, que no tardaron en llegar. "Traigalá, nomás, rodando en su cama; la rociaremos con unas salsas para evitar que la carne la afecte", dijo, y repitió "ecte", con despectivo gesto, tras lo cual me aplicó (desprecio tras desprecio) un papirotazo en la cabeza de la garcha. Pero no hay amargura que a mí me derrote: hasta el dormitorio fui al trote, golpeándome la boca con la mano, dando alaridos, como hacen los indios. Pegué un resbalón de órdago con el apuro y la payasada, apuro plenamente justificado porque llegué justo a tiempo: Carla Greta Terón ya había llenado de agua su enorme vaso azul de material plástico, y se disponía a abrir la caja de útiles donde guardaba mortales dosis de barbitúricos. "Oh no, no", le dije, "con barbitúricos no, batracia", y la conduje hasta el ventanal del techo y le mostré el fiord grávido de luna. La tomé dulcemente de la mano y le miré el culo con fijeza obsesiva. Tragué saliva. "¿Ves?", le dije, mientras apartaba el humo con la mano para mostrarle una estremecedora asamblea de mecánicos de pie con la soga al cuello. "¿Ves?", insistí, al mismo tiempo que dejaba caer mi sinuoso perfil sobre sus redondas tetas. Un asambleísta caminaba sobre las acolchadas cabezas de los otros, profetizando: "Jamás seremos vandoristas, jamás seremos vandoristas". En seguida quedó inmóvil y empezó a cuartearse. Carla Greta Terón se desperezó como un gato y arrojó las letales pastillas al orinal. Aferré con mis dós manos la caja de útiles (era en forma de barca) y la estrujé contra mi pecho desnudo. "Si yo pudiera poseer esta caja de útiles no me importaría perder el resto", mentí. Y ella, la dulce, la incomparable Carla Greta Terón, asintió con el ondular de su hermosa cabellera. Yo me postré a sus pies y le besé las mantecosas rodillas. Empuñé mi miembro y le aparté con los dedos los pelos vaginales. Copulamos. Fue un polvacho rápido y frenético. Antes de echarnos el segundo ella me convenció de que me sacara las medias y el escapulario, mi única vestimenta. Y medias y escapulario también fueron a morir al orinal. Murieron, y ella y yo nos echamos el segundo. Perfecto. Qué lindos pechos los de Carla Greta Terón. Se los remamé hasta de leche materna empacharme. Cojer fue una gran alegría para ambos, cojer y acabar juntos, moción aprobada por unanimidad. Y cuando entré al comedor empujando la cama, yo, yo era otro.
Simultáneamente Sebastián y yo intercambiamos imperceptibles guiños con nuestros respectivos ojos (izquierdos) de la cara. Vi con alegría sonreír al entrañable Sebas, por primera vez desde que nos expulsaron de MARU: flotaba en el aire que estábamos en vísperas de grandes cambios. Tomé asiento frente al Loco y me anudé al cuello una servilleta a cuadros para no mancharme las tetillas de grasa. El Loco oprimió el botón; se escucho el previsible chasquido y del baúl tabla surgió una fuente de dos metros de diámetro. Veíase en el centro de la misma un gigantesco pavo real asado al spiedo, pero sin recurrir al vulgar expediente de quitarle sus hermosas plumas. También aparecieron docenas de botellas del tintillo de la costa que a mí me hace mover las orejas de alegría. Pero no sé por qué óo lo sé de sobraó se me cerró el estómago. Peor aún. Mis intestinos empezaron a planificar una inminente colitis. Al primer retortijón me doblé en dos y el Trompa Amo y Señor ya me miró con mala cara. "Date", me dijo, "date", repitió, "date tiempo para llegar hasta la chata: una sola vez te lo prevengo". Oh, sí: en la guerra revolucionaria uno tiene que ser ladino: "Si no es nada, si ya se me va a pasar, paisano", contesté, poniendo mi mejor cara de boludo. E ipso facto me cagué con alma y vida. Estruendosamente, para colmo. Una mueca de incontenible ira ensombreció el rostro del Loco, quien con esa habilidad que sólo puede dar la costumbre, sacó de su canana una puntera de acero y la añadió al extremo del Látigo. Pero el asombro lo detuvo, porque yo, mirándolo a los ojos y con una sonrisa de oreja a oreja, me recontracagué nuevamente. Alcira Fafó se mordió una mano para contener el grito, mientras Carla Greta Terón liberaba su angustia macheteándose con un mayúsculo consolador. Fue tremenda mi tercera deposición: salpiqué hasta el cielo raso, el cual quedó como hollado por patas de fieras, aunque era sólo mierda. Y entonces El Loco se resignó; vino hasta mí, me arrastró de los pelos por mi propia porquería, y levantó, dispuesto al castigo, el temible-hermoso LATIGO. El deseo de asegurarse una victoria aplastante, sin embargo, conspiró contra él: antes de empezar a pacificarme giró la vista para vigilar a Sebastián: lo sorprendió en cuatro patas, mostrándole airado sus verdinegros colmillos. Entonces El Loco cifró todas sus posibilidades en su rapidez de tigre. De una patada de taquito lo descuajeringó al estratégico Sebas, y luego se dedicó exclusivamente a mí. El primer LATIGAZO me arrepolló la oreja izquierda. Perdí toda mi tibieza centrista y grité, grité como un poseso: "¡Arriba los Pobres del Mundo!", y "¡Atrás, Atrás, Chancho Burgués¡". El segundo me incrustó el esternón en la pared del estómago, toda cubierta de musgo. El tercero me arrancó un testículo y vi mi sangre. Con ella regando las baldosas del piso, inicié un desaforado recule en dirección al guerriloto Sebas, quien cuando estuve a su alcance me recibió con una tocadita de upite a modo de aliento y de saludo. El Señor Amo Capanga Loco levantó su látigo para estrechar vínculos conmigo por cuarta vez, y como de costumbre yo estuve en un tris de salir cagando aceite. Se me ocurrió llamar a la Sociedad Protectora del Prototraidor, pero un trallazo se me introdujo en la boca cuando la abrí para gritar: "Auxilio, socorro al cagón", a través del teléfono.
Sebastián gesticuló, muequeó, supuró, parió. Rápidamente yo tenía que definir la situación. La cantidad se transforma en calidad. O los fabulosos latigazos del Loco terminarían gustándome, era de cajón. Uno más y a la mierda la rebelión. Entonces, el lúcido, insurrecto Sebastián, volvería a pasarlas muy mal acusado de ideólogo: nuevamente para él, ayunos, lecturas censuradas, pizcas de picana, castidad, prohibidas incluso la homosexualidad a solas y la solidaria masturbación. Y tuvimos suerte, sin embargo: El Loco volvió a desviar su atención hacia Sebas, que pretendía refregarle por el rostro un panfleto recién redactado. El Patrón Rodríguez lo pateó un poco al livianito Bástian, hizo jueguito con él para obligarlo a planear por el aire; cuando Sebastián planeó, ensartóle El Loco el mango del látigo en el raquítico culo; Sebas describió su parábola profiriendo un "ah" melodioso, y postróse en un rincón luego del inevitable estrellamiento de su cráneo contra el muro: evidentemente, nuestra anterior militancia en el MRP no nos estaba sirviendo de mucho.
Patria o Muerte: reaccioné con todo. Me le prendí con los dientes del carnudo hombro al restallante Loco. Parando los ojos como un santito vi el agrandamiento de los poros de su cara, el extrañamiento de cada fibra de su piel. Como dándole un vuelco al mundo, contemplé toda su gama de fisuras. Descubrí que tenía dientes postizos, nariz de cartón, una oreja ortopédica (de sarga). Sebastián comprendió lo que estaba ocurriendo y carcajeó por mí, allá en su rincón. Atilio Tancredo Vacán fue amorosamente depositado sobre el intacto pavo y las mujeres iniciaron un baile esgrimiendo cuchillos y tenedores: ellas estaban desnudas.
La sangre del Mordido en olas se me colaba entre los dientes y me inundaba la boca. La Carla Greta Terón convertida ya en una S, en una Z, en una K o en una M rabiosa señalaba desesperada los huevos de nuestro ex amo y señor. Les pegué un rodillazo y se hicieron añicos: construidos estaban de frágil cristal. El Sebas se las ingenió como pudo para traerme la morsa. Apreté con ella la pierna derecha del Capado y comprobé con placer que la misma se encogía y enflaquecía tremendamente, hasta parecer la piernezuela despreciable de un bebé de pocos meses, algo que daba asco. El abrileño Bastián sometió su cuerpo quebrantado por el exilio a otro esfuerzo encomiable: arrastró hasta mí el descomunal revólver del Lejano Oeste que el Apretado guardaba celosamente en un cajón de ciruelas. Al entregármelo él reía como un bendito, y de puro gaucho corajudo y montonero nomás se encaprichó en montar el gatillo. Desde diez centímetros de distancia. apunté: la mira del revólver enfocaba la rodilla izquierda de Rodríguez. Oprimí el gatillo. ¡Qué infantil alegría cuando sonó el disparo! La bala se incrustó entre los quebradizos huesos sin orificio de salida. Hubo un derrame interno y óadvertíó la pierna se puso negra. Repetí la operación ahora con el oído derecho del Baleado. Apreté el gatillo. Sonó el disparo. La cara, el cráneo entero del Iguez se puso negro. Ennegreciósele hasta el blanco de los ojos. Sólo la dentadura apretada-encastrada hasta crujirle de dolor permaneció blanca y luciente. "Ae ae", lo remedaron Alcira Fafó y Carla Greta Terón; y "no lo despenes pronto", me rogaron. "Y dale dale dale" mumuró haciéndose el chiquito el burguecida Bastiansebas, quien ya despojado de innecesarias reglas de seguridad, me preguntó: "¿Cómo te llamas?". "Rondibaras, Asangüi, Mihirlys", repuse, y él me tranquilizó con un rotundo "ta bien" mientras se apretaba el ombligo para que el pus saliera. Atilio Tancredo Vacán guardaba un terco silencio, pero se hacía la paja.
Y no todo era mentira, cosa prefabricada, representación dolosa en la estructura de Rodríguez, jaspeada por hermosas vetas de carne humana. Apunté a una de ellas; hice fuego con cierta tristeza; la sangre avanzó hacia mí como pidiéndome amparo. ¿Y si se lo daba? El rojo chorro en espiral se me anudó al cuello igual que una bufanda. La dogmática, lúcida Alcira, me increpó: "Rajáte ya mismo de ese repugnante--pugñoso oropel ! ". Desgarrándome, cabalgando sobre ciertas inquietudes del pasado óque al fin y al cabo existióó me rajé del oropel. Cerré los ojos e intenté continuar mi obra, en el último minuto. ¿Y si al Agonizante le propusiera un Frente, un Pacto Programático sobre la base de. Por qué no? Temblé. Ahora las riendas de la situación estaban en las manos de la implacable Alcira Fafó, Amena Forbes, Aba Fihur. Que me apartó de un empujón y clavó en la nuca del Sangrante un esterilizado punzón de cincuenta centímetros de largo. Rez murió en el acto. El revólver colgaba flojamente de mi brazo. Basti me miró a mí y yo a él: habíamos vivido para ese momento.
La habilidad de Arafó nos marginaba. Ella se movía como un pez en el agua. Con impecable y despersonalizada técnica organizó el descuartizamiento del hombre que acababa de morir; luego, hizo un rápido movimiento, imperceptible casi, para agarrar el látigo, pero, astuta se contuvo. Primero seccionó el pito, que fue a parar, dando vueltas por el aire, a las manos de Cali Griselda Tirembón; de ellas, a una sartén con aceite hirviendo. Lo que quedó de la hermosa veta de carne humana encontró su destino final en nuestro pútrido inodoro: Aicyrfó tuvo el especial cuidado de dividir la veta en pequeños trozos con su ALFILER De Marras, para luego hacerlos desaparecer sin pérdida de tiempo. Cortó también la pierna achicada y se la dio a despellejar a Alejo Varilio Basán, fanático de la masturbación. Ella se comió los ojos. Cagreta la cabeza entera. Yo, una mano crispada. El Basti lamió en su rincón trozos irreconocibles, y unas hormigas invasoras liquidaron el resto.
Sonó el gong. Era La Loca del Alfiler haciéndolo sonar. Sonó el gong. Era ella, levantando la tapa de la sartén y aspirando el aroma con fruición. Probaba con una bolita de miga de pan el ahora vitaminizado aceite y nos miraba a todos con ojos chispeantes. Golpeó otra vez el gong y luego batió palmas con el Alfiler entre los dientes. Todos nos sentamos a la mesa sin chistar. Nos sirvió a cada uno un pedazo de porongo frito, que cada uno devoró a su manera, murmurando apenas aquello de "con tu pan te lo comas". Recuerdo que me soné los mocos con los dedos y me los colgué de las pestañas, como si fueran lágrimas. Tenía perfecta conciencia.
El desesperado rumor venía de la sala. Mi mujer sometía la cerradura del ventanal del techo al trabajo de sus dientes. Sin pies, era difícil que pudiera afirmarse, abrir, luego de romper la cerradura con los dientes. Cedió la cerradura con un clanc de lo más austero. El barco partió, zarpó una vez más, luego de dejar a su única pasajera. Ella apareció en la puerta del comedor con la boca destrozada pero sin nuestra hija, que ahora seguramente aguardaba en algún lugar del puerto, otro barco, que tampoco tardaría en zarpar. Mi mujer apretó los labios. Sus ojos azules a todos nos abarcaron, en silencio. Vino hasta mí y me enseñó sus muñecas: dos muñones sangrantes. Apretaba entre las encías sus manos aserradas. Sin rabia, las escupió sobre la mesa. Hice un esfuerzo y me aproximé para verlas, verlas con los ojos bien abiertos. La izquierda se posó sobre la derecha; luego, la derecha sobre la izquierda. Tomaron una flor artificial del centro de mesa y la estrujaron. Los pétalos me golpearon en plena cara. Ella se fue, caminando de rodillas.
Las inscripciones luminosas arrojaban esporádica luz sobre nuestros rostros. "No Seremos Nunca Carne Bolchevique Dios Patria Hogar". "Dos, Tres Vietnam". "Perón Es Revolución". "Solidaridad Activa Con Las Guerrillas". "Por Un Ampliofrente Propaz". Alcira Fafó fumaba el clásico cigarrillo de sobremesa y disfrutaba. Hacía coincidir sus bocanadas de humo con los huecos de las letras, que eran de mil colores. Me lo agarró al entrañable Sebas de una oreja y lo derrumbó bajo el peso de la bandera. Yo la ayudé a incrustarle el mástil en el escuálido hombro: para él era un honor, después de todo. Así, salimos en manifestación.