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sábado, 15 de mayo de 2010

PALABRAS DEL GENERAL ACERCA DE LA DIRIGENCIA SOCIALISTA...


…


"..El Dr. Repetto actuaba como un submarino madre; no salía a la superficie sino en caso de fuerza mayor. Los combates parlamentarios, las disputas y controversias, las interrupciones insolentes, el acosamiento y los argumentos destinados a aplastar a los adversarios estaban a cargo de una tropa joven, ágil, informada, que podía ser considerada como ejemplo de un accionar coherente, y daba una impresión de ser mayoritaria, pese a que la pequeña bancada no sobrepasaba en números los dedos de la mano. Yo también los veía desperdiciar el talento por ausencia de una inspiración superior. Eran seres racionales, demasiado racionales y ajustados a un libreto único, pero a quienes se les escapaba lo sustancial del proceso. En el fondo respondían como anillo al dedo a la concepción heredada de Juan B. Justo. Una visión estéril y de poco vuelo los parió a todos ellos. Justo no pasaba de ser un ‘Lenín de la tarifa de avalúos’. Se limitaba a explotar las reacciones fisiológicas originadas por la miseria, las rebeldías naturales contra un orden fatalmente injusto, donde la distribución de papeles aparecía manipulado por el ‘poder detrás del trono’. Así se los digitaba como los más obedientes y dóciles a la menor señal de los todopoderosos. Ese papel de marionetas se les asignó a los socialistas. Incluso el rol de aguafiestas, lo desempeñaban maravillosamente hasta recibir la segunda señal, que era la de ‘portarse bien’. Entonces les dejaba poco menos que al desnudo. A uno de ellos, que se ha caracterizado por el odio pampa a las reivindicaciones populares, cuando le expliqué paciente en mi despacho de la Secretaría de Trabajo, que ya Jean Jaures había señalado que la apertura de la noción de ‘utilidad pública’ al Código burgués, venía a limitar el derecho absoluto a la propiedad individual y constituía un paso hacia su conversión en un bien social. Ese maldiciente, reitero, no tuvo empacho en calificarme de demagogo, anarquista, marxista. Ese mismo sujeto, desde una tribuna pública en Lima, sentenció ante un auditorio afín, que estaba dispuesto a demostrar mi calidad de agente internacional del comunismo. Yo no tenía mayores inconvenientes en aceptar el dictado, a condición de que la otra parte aceptara también que nuestra prédica estaba calcada de la que se predicó en una antigüedad de 2.000 años"


¿POR QUÉ NO PODRÍA PENSARSE EN UN SINCRETISMO DE PERONISMO PUNKITO? DIGAMOS, SI UNO QUISIERA REALMENTE, ABRAZAR LA DOCTRINA EN POS DE UN PENSAMIENTO MÁS JUSTO Y MÁS UNÍVOCO PERO ROMPIENDO LAS ESTRUCTURAS, RESIGNIFICANDO LOS CONCEPTOS DE "JUSTICIA SOCIAL"...DIGO NO?

Y TODOS ME MIRAAAAANNNNN

Tu me hiciste sentir que no valia
Y mis lagrimas calleron a tus pies
Me miraba en el espejo y no me hallaba
Yo era solo lo que tu querias ver.....

Y me solte el cabello, me vesti de reyna,
me puse tacones, me pinte bien bella
Y camine hacia la puerta te escuche gritarme
pero tus cadenas ya no pueden pararme.....
Y mire la noche y ya no era oscura
era de lentejuelas.....

Y todos me miran, me miran, me miran,
por que se que soy fina por que todos me admiran,
Y todos me miran, me miran, me miran,
por que hago lo que pocos se atreveran,
Y todos me miran, me miran, me miran,
algunos con envidia pero al final,
pero al final, pero al final, todos me amaran.....

Tu me hiciste sentir que no valia
Y mis lagrimas calleron a tus pies
Me miraba en el espejo y no me hallaba
Yo era solo lo que tu querias ver.....

Y me solte el cabello, me vesti de reyna,
me puse tacones, me pinte bien bella
Y camine hacia la puerta te escuche gritarme
pero tus cadenas ya no pueden pararme.....
Y mire la noche y ya no era oscura
era de lentejuelas.....

Y todos me miran, me miran, me miran,
por que se que soy fina por que todos me admiran,
Y todos me miran, me miran, me miran,
por que hago lo que pocos se atreveran,
Y todos me miran, me miran, me miran,
algunos con envidia pero al final,
pero al final, pero al final, todos me amaran.....

Y me solte el cabello, me vesti de reyna,
me puse tacones, me pinte bien bella
Y camine hacia la puerta te escuche gritarme
pero tus cadenas ya no pueden pararme.....
Y mire la noche y ya no era oscura
era de lentejuelas.....

viernes, 14 de mayo de 2010

Y.....QUIZÁS.....UNA SIMPLE LUZ....

AHORA TEORIZA TORRISI...PERFECTO....NO TOMO MAS TEQUILA. DE NINGUNA MANERA ....




Y hablando de lo abismal en el tema del amor, aparece ahora una estructura importante, la del deseo. Arístóteles que recibió en la Academia, tierno y recién elaborado el Diálogo del Banquete, trata de huir de la abismal distancia donde su maestro coloca las Ideas Perfectas y entre ellas la Belleza que moviliza el Amor. Aristóteles trata de concretar lo indefinido de las Ideas perfectas de su maestro y su distancia. La Idea Perfecta para Aristóteles es el Primer Movil que mueve como objeto de deseo. Hay una corrección de Platonismo pero, como veremos, vuelve a quedar abierta la ruptura que apunta hacia el Abismo. Aristóteles quiere que el deseo de la creatura se refiera a algo con nombre, más cercano y concreto y no tan indefinido y lejano como quiere el idealismo platónico. El deseo de la criatura se concreta en cumplir la finalidad impresa por el Primer Motor inmovil, el célebre "Dios aristotélico", que una vez ha hecho de demiurgo creando la creaturas, se retira a descansar a un rincón del mundo, despreocupado de ellas. No las mima, ni cuida de forma personal, pero el "Dios aristotélico" posee el convencimiento de que todas las criaturas van a estar seducidas por El, "deseando" cumplir la finalidad y el encargo encomendado por El mismo. Pero no indica Aristóteles que las criaturas instalen este deseo en lo concreto de ningún amor. Para introducirnos en esta estructura del deseo, de una forma menos filosófica que la que apunto de Aristóteles, vamos a referirnos brevemente a la reseña de Rosa Montero : Nos enamoramos del amor o del enamoramiento... Se trata de arrebatar el deseo: colocarse en lugar del deseo.... "Estar enamorado es lo más parecido a un mareo en barco: tú te sientes morir y a los demás les da mucha risa. "En la novela de Nabokov: Lolita, la pasión es un invento. Su protagonista Humbert Humbert, no se enamora de la Lolita real, que es una niña necia, comechiclés, una adolescente hortera casi analfabeta, sino del replandor de amor que él proyecta sobre esa Lolita de carne y hueso... cree ver a su Lolita interior, la que él siempre lleva consigo, la imagen del amor absoluto. Y así Humbert adora a Lolita, pero a la Lolita que él se ha construido. Mientras tanto ella se contempla en los ojos de Humbert Humbert y se ve allí tan hermosa que acaba creyéndoselo. Termina creyendo que ella es así como el otro la imagina. Y se ufana, se envanece, se pavonea, se convierte en una pequeña y torpe tirana. Así, se da ese juego de identidades cruzadas y de equívocos: Yo me enamoro de quien tú no eres y yo te tiranizo con la fuerza que tú me has dado. Así se resuelven muchas de las relaciones pasionales; y eso sucede al margen del valor real, pequeño o grande, que las personas tengan. Al final de la novela Humbert aparece como asesino y ser abominable. Lolita la irritante, la pobre tiene a su favor toda su inocencia, esto es su ignorancia... La carga de pasión que había puesto Humbert puede resultar explosiva. En consecuencia, también desde esta corrección de Arístóteles al diálogo del Banquete, tratando de concretar el espacio del Amor, apunta también hacia una promesa imposible, hacia el abismo. Porque la tragedia de Humbert Humbert es tener que reconocer que el objeto de deseo no lo despertaba una Lolita carnal sino la Lolita confundida con el Amor, porque él - y tenía todo su derecho pese a lo asimétrico de sus cronologías- se estaba enamorando del Amor, y buscaba el deseo del enamoramiento. Trato de concluir todas estas reflexiones para teorizarlas y sacarlas de mi lenguaje, como si con ponerlas por escrito tuvieran que ver con un exorcismo.(Vaya uno a saber en qué momento, y en qué celdita de la loca cabecita ha hecho que termine teorizando sobre esta cosa) Cuando la lectura del diálogo del Banquete la llevamos hacia lo que tenga que ver con el lenguaje, como tantas veces didácticamente yo mismo hice, el análisis de este artículo es perfectamente válido. Cuando comenzamos a contestar el interrogante, que enunciamos al principio de nuestra intervención "¿Pero qué pasa con el amor? o, como dice Platón en su diálogo, de una forma provocativa: "el que ama las cosas bellas desea ¿qué desea?", la lectura nietzschiana del diálogo obliga a leerlo con una intensidad diferente. La gran paradoja de Platón radica en intentar la unión de lo que el amor tiene de apolíneo, como realidad que pueda concretarse en algo bello, es decir, lo que nos dan los sentidos, junto con el espacio dionisiaco que apunta hacia la distancia infinita y abismal que no podrán recorrer nunca los sentidos. Nietzsche va a tener el atrevimiento de indicarnos que ese espacio de Arquetipos, y Paradigmas de Ideas Perfectas, el hombre, si trata de ser genial - al estilo y con la voluntad del superhombre y con la inocencia del niño de Heráclito - lo puede habitar con el lenguaje del arte. He dicho…que me he quedado sin palabras…yo sólo sé que en el Banquete Tal vez convenga aquí dar un pequeño inciso para explicar en qué consistía un banquete al estilo ateniense: Constaba de dos partes, el deipnon o syndeipnon (la comida) y el potos o sympotos (la bebida en común) que venía después de la comida. Durante esta segunda parte, los “comebebedores” animados por el vino eran capaces de pronunciar discursos, cantaban o se divertían de acuerdo con el programa que fijaba el symposiarchos (el presidente del banquete), que fijaba asimismo la cantidad de vino a beber y la proporción en que debía de mezclarse con agua. Antes del pasar al sympotos, se retiraban las mesas, se limpiaba la sala, hacíase una libación de vino puro en honor de Dionisio o Zeus, y se entonaba un peán en honor a Apolo. Si lo normal era que estos symposia degeneraban en orgía, eran en ocasiones, tal como la presente, un motivo de encuentro para poder desplegar el más refinado ingenio al tratar temas de lo más elevados.

En mi opinión la obra se estructura en tres partes bien diferenciadas que a su vez tienen subdivisiones, con excepción de la ultima. Es decir, El Banquete está organizado como tal, primero entremeses, después el plato principal y luego el postre. La primera parte está compuesta a su vez por cinco subdivisiones que son los discursos de Fedro, Pausanias, Erixímaco, Aristófanes y Agatón. La segunda parte contiene el discurso de Sócrates dividido a su vez en dos apartados. En el primero, el maestro rebate y corrige algunas opiniones vertidas anteriormente mediante su lógica de acertadas preguntas. El segundo basado en una supuesta conversación con Diotima de Mantinea es en donde se sientan las bases del Amor platónico. La tercera parte es un panegírico a favor de Sócrates realizado por Albicíades en el que se puede analizar el carácter y forma de ser del maestro.

El momento en que se sitúa la escena de la conversación inicial entre Apolodoro y sus amigos corresponde al 416 a.C. en un período de entusiasmo organizador de la desastrosa campaña contra Siracusa (Sicilia) y la máxima popularidad de Alcibíades a quien se verá irrumpir estruendosamente al final del diálogo. El elogiar por turno al Amor lo propone el médico Erixímaco que parece ejercer las funciones de symposiarchos - organizador -, aunque el verdadero inspirador del discurso no sea él sino Fedro que considera un gran olvido que hasta entonces, ningún poeta ni sofista hubiera compuesto algo en honor de un dios tan grande toda vez si se piensa en los grandes poetas eróticos griegos -Safo, Anacreonte o en los trágicos -Sófocles (Antígona) y Eurípides (Hipólito)-, pero bien es verdad que ninguno de estos autores habían contemplado los aspectos apacibles del Amor, sino los destructivos de la pasión.
El primero en hablar es el joven Fedro, su discurso se encuadra dentro de la línea tradicional del pensamiento mítico idealizado por la cultura del pundonor heroica, dentro de la cual desempeña un primordial papel la pederastia. Particularmente destaco los siguientes puntos en su perorata:
• El Amor no tiene padres, son desconocidos al menos, ya que ningún poeta los nombra.
• Que Hesiodo coincide con Acusilao en que después del Caos se produjeron dos seres: La Tierra (Gea) y El Amor (Eros). Lo que conlleva a determinar que este dios es el más antiguo nombrado en la Teogonia de Hesiodo. Esmás el Amor es el que hace que los demás dioses se enamoren entre sí y engendren otros dioses. Por tanto el Amor es uno de los más antiguos.
• Que el Amor hace a los hombres vivir honesta y virtuosamente, por cuanto que la vergüenza y la emulación ante nadie se siente con tanta intensidad como ante el amado, por no hablar de ese valor que Amor inspira y lleva a hombres y mujeres a los mayores actos de sacrificio y heroísmo, de tal manera que, si se creara un ejército de amantes y amados sería invencible. Esta parte de los Diálogos (416 a. C.) debió de leerla el tebano Epaminondas ya que, consiguió en el 371 a.C. ganar en la batalla de Leuctra a los espartanos escogiendo dentro de su ejército a 300 guerreros y formándolos por parejas según el afecto que se tenían y haciéndoles jurar que ninguno abandonaría por ninguna causa a su pareja y atacando con ellos el flanco derecho de los espartanos los venció.
• Consecuentemente, admite y alaba la relación entre personas del mismo sexo, en especial entre hombres.
• Sitúa la acción benéfica del Amor en el amante y, al amado en una situación de correspondencia.
Pausanias le sigue en el discurso profundizando en los beneficios de la pederastia, situando la relación entre hombres como un medio de aspirar a un amor más espiritual (Amor Platónico) sentando la base de lo que posteriormente Sócratres dejará como doctrina: los hijos del espíritu son superiores a los de la carne y los únicos que reportan gloria a los hombres. Sin Amor no se comprende Afrodita. Ahora bien, siguiendo una reminiscencia hesiódica considera que existen dos Afroditas una, Celeste, hija de Urano (Urania) y otra, Vulgar, posterior y por tanto más joven y fruto de las relaciones entre Zeus y Dione (Pandema) y, por tanto, cada una de ellas tiene su Amor correspondiente (Urano y Pandemo).
Lo inspirados por el Amor de Afrodita Urania, en cuya generación no intervino hembra alguna, se dirigen exclusivamente a los varones, “sintiendo predilección por lo que es de naturaleza más fuerte y tiene mayor entendimiento” -(¿Una forma de machismo: Amar a los mancebos por ser superiores a las doncellas?). Esta diosa al proceder sólo de Urano representa al amor que se tiene entre sí los hombres en un sentido más espiritual, al estilo que se entiende en Atica o en Lacedemonia. Al ser esta Afrodita más antigua, su Amor es más maduro, sereno, constante y fiel.
El Amor de Afrodita Pandemo es vulgar al estilo de las repúblicas de Beocia o Elide, no distingue entre hembra o varón.
Considera que es mejor “amar a las claras que en secreto” y la relación que surge más noble y menos interesada.. Afirma que “es cosa realizada de fea manera el complacer a un hombre vil, vilmente y de bella manera, en cambio, ceder a un hombre de bien, en buena forma” , norma que puede explicar el comportamiento de Albicíades con Sócrates según indica el primero más adelante. Esta era una doctrina que era tomada como moneda corriente en Atenas y a la que ciertos espíritus sofisticados, (leer el discurso de Lisias en Fedro) replicarían con la tesis de que se debe otorgar el favor al no-enamorado con preferencia al que lo está.
Existe una voluntariedad en los amantes de hacerse esclavos de los amados. Esta voluntariedad es una virtud, ya que si alguien desea servir es para obtener del otro algo que le haga mejor en algún saber. El entregarse para hacerse mejor es bello y, esta clase de entrega amorosa pertenece sin duda al Amor de Afrodita Celeste (Urania).
Erixímaco, de profesión médico, continua el tema amoroso ampliando la atracción que sienten los seres humanos entre sí a la general inclinación a lo bello, incluyendo tanto a animales como a frutos de la Tierra, es más, Amor, “extiende su poder tanto en el orden humano como el divino” . Dando un nuevo giro a los discursos y considerando al igual que Pausanias, existen dos Amores dentro del cuerpo humano, uno corresponde al cuerpo sano y otro al cuerpo enfermo, distingue entre el amor bello y el amor morboso. El primer amor que impone la concordia y la armonía entre los elementos contrarios es causa de la salud en el cuerpo y de las condiciones climatológicas necesarias para el desarrollo de la vida en el universo. El amor morboso, en cambio, en búsqueda egoísta de lo que le es semejante y en guerra constante con sus contrarios conduce a la enfermedad, los cataclismos y a la desintegración del equilibrio armónico de los elementos y a la muerte. La medicina debe de tratar de animar el primero y de frenar el segundo creando una armonía entre ambos. Siendo la armonía una consonancia, “ y las consonancia es un acuerdo que resulte de cosas discordantes”.
Define como el Amor más sublime como aquel que se “manifiesta en el bien unido a la moderación y a la justicia tanto en nosotros como en los dioses es el que posee mayor poder y el que proporciona la felicidad completa” .
El discurso de Erixímaco que, por desviarse de la trayectoria tomada por la discusión es desatendido por los comentaristas de este diálogo, contiene un cuadro históricamente correcto de un médico de la época, en una parte estudioso de los males que aquejan el cuerpo humano y por otra parte filósofo.
La muerte, aludida como consecuencia del amor morboso, es un regreso de los distintos componentes del hombre, hasta ese momento en un estado de equilibrio precario, a los respectivos semejantes de donde proceden, según dice el autor del Del Natura hominis (presumiblemente Pólibo, yerno de Hipócrates). Este equilibrio proviene del pensamiento de Emédocles, con cuya pareja Philotes-Neikos (Amistad-Discordia) coincide en lo fundamental con los dos amores de Erixímaco.
En su discurso también se menciona a Heráclito como introducción a la comparación entre la medicina y la música como restauradoras del ritmo y la armonía en los elementos disonantes del cuerpo, lo que evoca las prácticas medicinales de la escuela pitagórica tal como la meloterapia.
Aristófanes en el siguiente discurso nos resalta cómo si el amor obedeciera a un íntimo anhelo de restitución de una plenitud perdida, de reencuentro con un total uno mismo en el ser amado y, que supera con mucho el mecanismo químico y biológico de atracciones y rechazos de los elementos constitutivos del hombre, tal como nos decía Erixímaco anteriormente, y para ello nos hace disfrutar partiendo de una antigua leyenda sobre Efialtes y Oto hijos de gigantescos del tesalio Aloeo, que encadenaron a Ares e intentaron escalar el cielo para derrocar a Zeus (Homero en Iliada y en Odisea).
Expone que, en la antigüedad, la humanidad se dividía en tres géneros, el masculino, el femenino y el “andrógino”. Los seres que pertenecían a esta última clase eran redondos, con cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras en la cabeza y, por supuestos dos órganos sexuales. Eran seres tan terribles por su vigor y fuerza que se sintieron suficientes para atentar contra los dioses. Zeus los castigó partiéndolos por la mitad. El Amor desde tiempos inmemoriales trata de unirlos, de tal manera que, cuando se encuentran se unen de tal forma que es para toda la vida, tratando cada uno de “reunirse y fundirse con el amado y convertirse de dos seres en uno solo” de manera que “tan solo podría alcanzar la felicidad nuestra especie cuando se dé el tiempo en que la mitad de la Humanidad se encuentre con su otra mitad. Por lo que se deduce que “tan solo podría alcanzar la felicidad nuestra especie si lleváramos el amor a su término de perfección y cada uno consiguiera el amado que le corresponde”.
El Mito del Andrógino explica maravillosamente la sensación de plenitud que da la unión amorosa y, al propio tiempo explica la polarización del amor hacia uno y otro sexo desde el mismo comienzo de la vida.
Agatón pretende exponer cómo es la naturaleza del amor y sus propiedades, para ello recurre al principio de lo “semejante con lo semejante” propio del pensamiento presocrático. Por ello difiere de los demás al considerar en su naturaleza como el más joven de los dioses porque huye de la vejez encontrándosele siempre entre jóvenes y no con los ancianos. Es delicado ya que camina sobre lo más blando de los seres humanos: el alma. Es flexible porque es capaz de replegarse sobre sí mismo y esconderse en el menor de los resquicios del espíritu. Es proporcionado, porque siempre está en guerra con la deformidad. Es bello de tez porque vive entre las flores, pues lo que no está en flor está marchito.
Tal como desarrolla otras obras, Platón nos deja para el final al propio Sócrates, el cual, en la primera fase de su discurso realiza ciertas preguntas con las que llega a deducciones lapidarias y que, posteriormente, desarrolla didácticamente. Las preguntas son formuladas por el maestro y contestadas por el último en hablar: Agatón.
(Lo que sigue está reproducido directamente de los Diálogos dado que entran de lleno en el juego deductivo que sigue el maestro).
“¿Es por su naturaleza el Amor de tal clase que sea Amor de algo o de nada? - Si por cierto, lo es de algo.
¿Desea el Amor aquello de lo que es amar ó no? -Si, y mucho.
¿Es acaso al poseer lo que desea y ama cuando desea y ama, o es al no poseerlo?. - Al no poseerlo, al menos según es verosímil.
Considera ahora -replicó Socrates- si en vez de verosímil es necesario que así sea, es decir: lo que desea, desea aquello de que está falto, y no lo desea si está provisto de ello. A mí al menos me da una extraordinaria sensación de que es necesario. ¿Y a ti?. -También a mí me la da -responde Agatón-.
Dices bien. ¿Querría, por consiguiente, el que es grande ser grande y el que es fuerte ser fuerte? -Es imposible según lo convenido -.
En efecto, ya que no carecería de estas cualidades por poseerlas en sí mismo. -Dices la verdad-
Pero en el caso de que alguien, a pesar de ser fuerte, quisiera ser fuerte agregó Sócrates- o siendo veloz, ser veloz o estando sano estar sano…. Pues tal vez puede alguien creer con respecto a estas cualidades y a todas las similares, que los que las reúnan en si y las poseen, desean, no obstante, lo que tienen. ¿Quién puede estar deseoso de lo que tiene?: - Porque lo que desea realmente es tenerlo durante toda su vida -.
¿No equivale esto a desear algo que no se tiene? -Sin duda alguna -, luego éste y cualquier otro que sienta deseo, desea lo que no tiene a su disposición y no está presente, lo que no posee, lo que él no es y aquello de que carece. ¿No es el Amor en primer lugar amor de algo y en segundo lugar de aquello que está falto?.

lunes, 10 de mayo de 2010

SE TERMINÓ LA VIDA ÚTIL, UN POQUITO DE RAYUELA PARA ARROJAR LA PIEDRITA, Y DESPACITO, LLEGAR AL CIELO...




Aquí había sido primero como una sangría, un vapuleo de uso interno, una necesidad de sentir el estúpido pasaporte de tapas azules en el bolsillo del saco, la llave del hotel bien segura en el clavo del tablero. El miedo, la ignorancia, el deslumbramiento: Esto se llama así eso se pide así, ahora esa mujer va a sonreír, más allá de esa calle empieza el Jardín des Plantes. París, una tarjeta postal con un dibujo de Klee al lado de un espejo sucio. La Maga había aparecido una tarde en la rue du Cherche-Midi, cuando subía a mi pieza de la rue de la Tombe Issoire traía siempre una flor, una tarjeta Klee o Miró, y si no tenía dinero elegía una hoja de plátano en el parque. Por ese entonces yo juntaba alambres y cajones vacíos en las calles de la madrugada y fabricaba móviles, perfiles que giraban sobre las chimeneas, máquinas inútiles que la Maga me ayudaba a pintar. No estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico, pero después caíamos en silencios terribles y la espuma de los vasos de cerveza se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraía mientras nos mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo. La Maga acababa por levantarse y daba inútiles vueltas por la pieza. Más de una vez la vi admirar su cuerpo en el espejo, tomarse los senos con las manos como las estatuillas sirias y pasarse los ojos por la piel en una lenta caricia. Nunca pude resistir el deseo de llamarla a mi lado, sentirla caer poco a poco sobre mí, desdoblarse otra vez después de haber estado por un momento tan sola y tan enamorada frente a la eternidad de su cuerpo.



En ese entonces no hablábamos mucho de Rocamadour, el placer era egoísta y nos topaba gimiendo con su frente estrecha, nos ataba con sus manos llenas de sal. Llegué a aceptar el desorden de la Maga como la condición natural de cada instante, pasábamos de le evocación de Rocamadour a un plato de fideos recalentados, mezclando vino y cerveza y limonada, bajando a la carrera para que la vieja de la esquina nos abriera dos docenas de ostras, tocando en el piano descascarado de madame Nouguet melodías de Schubert y preludios de Bach, o tolerando Porgy and Bess con bifes a la plancha y pepinos salados. El desorden en que vivíamos, es decir el orden en que un bidé se va convirtiendo por obra natural y paulatina en discoteca y archivo de correspondencia por contestar, me parecía una disciplina necesaria aunque no quería decírselo a la Maga. Me había llevado muy poco comprender que a la Maga no había que plantearle la realidad en términos metódicos, el elogio del desorden la hubiera escandalizado tanto como su denuncia. Para ella no había desorden, lo supe en el mismo momento en que descubrí el contenido de su bolso (era en un café de la rue Réaumur, llovía y empezábamos a desearnos), mientras que yo lo aceptaba y lo favorecía después de haberlo identificado; de esas desventajas estaba hecha mi relación con casi todo el mundo, y cuántas veces, tirado en una cama que ni se tendía en muchos días, oyendo llorar a la Maga porque en el metro un niño le había traído el recuerdo de Rocamadour, o viéndola peinarse después de haber pasado la tarde frente al retrato de Leonor de Aquitania y estar muerta de ganas de parecerse a ella, se me ocurría como una especie de eructo mental que todo ese abecé de mi vida era una penosa estupidez porque se quedaba en mero movimiento dialéctico, en la elección de una in conducta en vez de una conducta, de una módica indecencia en vez de una decencia gregaria. La Maga se peinaba, se despeinaba, se volvía a peinar. Pensaba en Rocamadour, cantaba algo de Hugo Wolf (mal), me besaba, me preguntaba por el peinado, se ponía a dibujar en un papelito amarillo, y todo eso era ella indisolublemente mientras yo ahí, en una cama deliberadamente sucia, bebiendo una cerveza deliberadamente tibia, era siempre yo y mi vida, yo con mi vida frente a la vida de los otros. Pero lo mismo estaba bastante orgulloso de ser un vago consciente y por debajo de lunas y lunas, de incontables peripecias donde la Maga y Ronald y Rocamadour, y el club y las calles y mis enfermedades morales y otras piorreas, y Berthe Trépat y el hambre a veces y el viejo Trouille que me sacaba de apuros, por debajo de noches vomitadas de música y tabaco y vilezas menudas y trueques de todo género, bien por debajo o por encima de todo eso no había querido fingir como los bohemios al uso que ese caos de bolsillo era un orden superior del espíritu o cualquier otra etiqueta igualmente podrida, y tampoco había querido aceptar que bastaba un mínimo de decencia (¡decencia joven!) para salir de tanto algodón manchado. Y así me había encontrado con la Maga, que era mi testigo y mi espía sin saberlo, y la irritación de estar pensando en todo eso y sabiendo que como siempre me costaba mucho menos pensar que ser, que en mi caso el ergo de la frasecita no era tan ergo ni cosa parecida, con lo cual así íbamos por la orilla izquierda, la Maga sin saber que era mi espía y mi testigo, admirando enormemente mis conocimientos diversos y mi dominio de la literatura y hasta del jazz cool, misterios enormísimos para ella. Y por todas esas cosas yo me sentía antagónicamente cerca de la Maga, nos queríamos en una dialéctica del imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared. Supongo que la Maga se hacía ilusiones sobre mí, debía creer que estaba curado de prejuicios o que me estaba pasando a los suyos, siempre más livianos y poéticos. En pleno contento precario, en plena falsa tregua, tendí la mano y toque el ovillo París, su materia infinita arrollándose a sí misma, el magma del aire y de lo que se dibuja en la ventana, nubes y buhardillas; entonces no había desorden, entonces el mundo seguía siendo algo petrificado y establecido, un juego de elementos girando en sus goznes, una madeja de calles y árboles y nombres y meses. No había un desorden que abriera puertas al rescate, había solamente suciedad y miseria, vasos con restos de cerveza, medias en un rincón, una cama que olía a sexo y a pelo, una mujer que me pasaba su mano fina y transparente por los muslos, retardando la caricia que me arrancaría por un rato a esa vigilancia en pleno vacío. Demasiado tarde, siempre, porque aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad. La Maga no sabía que mis besos eran como ojos que empezaban a abrirse más allá de ella, y que yo andaba como salido, volcado en otra figura del mundo, piloto vertiginoso en una proa negra que cortaba el agua del tiempo y la negaba.

viernes, 7 de mayo de 2010

CARMEN LI. EN EL FONDO, SÓLO TENÍA QUE RECURRIR A LOS CLÁSICOS... CATULOOOOOO QUERIDOOOOO HOY ES MI DIAAAAAAAA




Ille mi par esse deo videtur,
ille, si fas est, superare divos,
qui sedens adversus identidem te
spectat et audit
dulce ridentem, misero quod omnis
eripit sensus mihi: nam simul te,
Lesbia, adspexi, nihil est super mi,
lingua sed torpet, tenuis sub artus
flamma demanat, sonitu suopte
tintinant aures, gemina teguntur
lumina nocte.
Otium, Catulle, tibi molestumst,
otio exultas nimiumque gestis,
otium et reges prius et beatas
perdidit urbes.