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lunes, 14 de marzo de 2011

KAR-NAVAL, del latín "carrus navalis" el carrito que lleva a desfilar a todos los excéntricos, y los que están fuera de foquito...





En un texto amado y adorado por Karina, el teórico, semiólogo y ensayista Mijail Bajtín realiza un análisis de la verdadera naturaleza del carnaval. Para eso, hace un rastreo del significado etimológico del carnaval en la antigüedad (cuando se llamaba Saturnalias) y el festejo, en sí, de lo que es la inversión de los órdenes. Realizar una síntesis me llevaría miles y miles de páginas, pero en este pequeño blogcito la pequeñez se muestra con ejemplos y casos netamente didácticos para la sonrisa cómplice y los enojos orilleros.

El carnaval es una celebración pública que tiene lugar inmediatamente antes de la cuaresma cristiana, con fecha variable (desde finales de enero hasta principios de marzo según el año), y que combina algunos elementos como disfraces, desfiles, y fiestas en la calle. Por extensión se llaman así algunas fiestas similares en cualquier época del año. A pesar de las grandes diferencias que su celebración presenta en el mundo, su característica común es la de ser un período de permisividad y cierto descontrol, lo que conlleva justamente el uso de máscaras, de disfraces (incluidos los antifaces que permiten justamente ampararse en la impunidad del desenfreno)

El origen de su celebración parece probable de las fiestas paganas, como las que se realizaban en honor a Baco, el dios del vino, las saturnales y las lupercales romanas, o las que se realizaban en honor del buey Apis en Egipto. Según algunos historiadores, los orígenes de esta festividad se remontan a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de 5.000 años, con celebraciones muy parecidas en la época del Imperio Romano, desde donde se expandió la costumbre por Europa, siendo llevado a América por los navegantes españoles y portugueses a partir del siglo XV. Sin embargo, es durante la Edad media y el Renacimiento donde el carnaval pierde un poco su primigenio sentido, ya que deja de ser puramente pagano para ser una serie de días en donde la propia Iglesia permite ese desenfreno para retornar a la moral y a la estructura habitual que nos impone el día a día. Me parece lindo pensar en el retorno a las viejas Saturnalias en vez de los aburridos desfiles murgueros de la actualidad. Las Saturnales (en latín Saturnalia) eran una importante festividad romana. Se las llegó a denominar "fiesta de los esclavos" ya que en las mismas, los esclavos recibían raciones extras, tiempo libre y otras prebendas; eran, si se permite la comparación, Navidad y Carnaval a un mismo tiempo y el cristianismo de la antigüedad tardía tuvo fuertes problemas para acabar con esta fiesta pagana, intentando sustituirla.

Las Saturnales se celebraban por dos motivos que ahora mencionamos:
 En las fechas a comienzos de año en honor al dios Saturno.
 Al triunfo de un victorioso general (fiesta del triunfo);

Las primeras se celebraban del 17 al 23 de diciembre en honor a Saturno, Dios de la agricultura, a la luz de velas y antorchas, se celebraba el fin del período más oscuro del año y el nacimiento del nuevo período de luz, o nacimiento del Sol Invictus, 25 de diciembre, coincidiendo con la entrada del Sol en el signo de Capricornio (solsticio de Invierno). Probablemente las Saturnales fueran la fiesta de la finalización de los trabajos del campo, celebrada tras la conclusión de la siembra de invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo para descansar de ser el mulo constante del señor de turno.
Eran siete días de bulliciosas diversiones, banquetes e intercambio de regalos. Las fiestas comenzaban con un sacrificio en el templo de Saturno (en principio el dios más importante para los romanos hasta Júpiter, siempre recordemos que durante el reinado de Saturno –Kronos griego- se dio la llamada “Edad de oro”), al pie de la colina del Capitolio, la zona más sagrada de Roma, seguido de un banquete público al que estaba invitado todo el mundo. Durante las Saturnales, los esclavos eran frecuentemente liberados de sus obligaciones y sus papeles cambiados con los de sus dueños. Ese es el eje que me encanta: LA INVERSIÓN DEL ORDEN.



Es durante el bello carnaval, donde se terminan las jerarquías y donde los esclavos son amos y los amos se vuelven esclavos. Ya, institucionalizados, druante la Edad Media y el Renacimiento, estos carnavales tienen la estructura del poder de la IMPOSTURA DE LA SINRAZÓN: fiestas de gallos, fiestas de locos, fiestas de bobos se suceden coronando al más feo como el rey de los bobos (tal como le pasó a Cuasimodo en la peli de Disney “El jorobado de Notre Dame”). Dice mi amado Bajtín: “Los festejos del carnaval, con todos las actos y ritos cómicos que contienen, ocupaban un lugar muy importante en la vida del hombre medieval. Adem s de los carnavales propiamente dichos, que iban acompañados de actos y procesiones complicadas que llenaban las plazas y las calles durante días enteros, se celebraban también la "fiesta de los bobos" (Testa stultorum) y la "fiesta del asno"; existía también una "risa pascual" (risus paschalis) muy singular y libre, consagrada por la tradición. Además, casi todas las fiestas religiosas poseían un aspecto cómico popular y público, consagrado también por la tradición. Es el caso, por ejemplo, de las "fiestas del templo", que eran seguidas habitualmente por ferias y por un rico cortejo de regocijos populares (durante los cuales se exhibían gigantes, enanos, monstruos, bestias "sabias", etc.). La representación de los misterios acontecía en un ambiente de carnaval. Lo mismo ocurría con las fiestas agrícolas, como la vendimia, que se celebraban asimismo en las ciudades. La risa acompañaba también las ceremonias y los ritos civiles de la vida cotidiana: así, los bufones y los "tontos" asistían siempre a las funciones del ceremonial serio, parodiando sus actos (proclamación de los nombres de los vencedores de los torneos, ceremonias de entrega del derecho de vasallaje, de los nuevos caballeros armados, etc.). Ninguna fiesta se desarrollaba sin la intervención de los elementos de una organización cómica; así, para el desarrollo de una fiesta, la elección de reinas y reyes de la "risa".”

Hace una semana aproximadamente, tuvimos el fin de semana de carnaval. Es este fin de semana de ‘desenfreno y permiso’ donde me puse a reflexionar en el verdadero espíritu carnavalesco. Ya no vivo en la “Edad de Oro” donde mis descontroles tenían un Kronos protector al que le rezaba, me prosternaba y allí estaba cuidadita. Retomo a Bajtín para pensar en que de hecho, el carnaval ignora toda distinción entre actores y espectadores. También ignora la escena, incluso en su forma embrionario. Ya que una escena destruiría el carnaval (e inversamente, la destrucción del escenario destruiría el espectáculo teatral). Los espectadores no asisten al carnaval, sino que lo viven, ya que el carnaval esta hecho para todo el pueblo. Durante el carnaval no hay otra vida que la del carnaval. Es imposible escapar, porque el carnaval no tiene ninguna frontera espacial. En el curso de la fiesta sólo puede vivirse de acuerdo a sus leyes, es decir de acuerdo a las leyes de la libertad. El carnaval posee un carácter universal, es un estado peculiar del mundo: su renacimiento y su renovación en los que cada individuo participa. Esta es la esencia misma del carnaval, y los que intervienen en el regocijo lo experimenten vivamente. En la actualidad, carentes del espíritu festivo de “esa semanita de desenfreno”, boqueamos como peces fuera del agua y pedimos a gritos nuestro descontrol y nuestro éxtasis que nos haga sentir libres y plenos de amor líquido. Pero no nos conformamos con una “semanita”. Luego de tanto menemato, tanto despilfarre estatal, nos acostumbramos al exceso como forma de vida, y entonces es la normalidad la que de repente nos viene a apremiar (y no viceversa) y nos viene a decir que crezcamos y que nos hagamos hombres y mujeres de sociedad, con la estructura y con toda esa parafernalia que parece invadirnos como un espíritu llamado Legión. Es entonces donde no podemos aceptar la realidad tal como es. No podemos soportar nuestras elecciones. “Elegir es hacer que desaparezca el horizonte”, dicen entonces recurrimos a nuestras valvulitas de escape, tal como hacían los romanos en las saturnalias. Y quizás no tengamos fiestas de bobos, pero actuamos como tales. Quizás no exista máscara de pícaro, pero actuamos como Lázaro, y como el Buscón en el arte de la supervivencia. Por el contrario, si se nos hace demasiado insoportable todo, tenemos el reino de la locura y vemos gigantes en donde hay molinos de viento y vemos que nuestro amor es la Dulcinea más grande y bella del Toboso (aunque sea una rústica campesina, como se produce en la quijotización de Sancho y no me quiero ir por las ramas…) y sino, nos colocamos la careta de la sonrisa constante del bufón, ese que hace reír todo el tiempo al rey (a veces con risas duras) y seguimos adelante hasta que alguno se rebele enserio (y se revele) la verdadera cara, sin ser KAReta y arda todo porque en el fondo todos escondemos un agente del Kaos. Y gritemos: PAF! SE ACABÓ!!!!!!! . Los bufones y payasos son los personajes característicos de la cultura cómica de la Edad Media. En cierto modo, los vehículos permanentes y consagrados del principio carnavalesca en la vida cotidiana (aquella que se desarrollaba fuera del carnaval). Los bufones y payasos, como por ejemplo el payaso Triboulet, que actuaba en la corte de Francisco 1 (y que figura también en la novela de Rabelais), no eran actores que desempeñaban su papel sobre el escenario (a semejanza de los cómicos que luego interpretarían Arlequín, Hans Wurst, etc.). Por el contrario, ellos seguían siendo bufones y payasos en todas las circunstancias de su vida. Como tales, encarnaban una forma especial de la vida, a la vez real e ideal. Se situaban en la frontera entre la vida y el arte (en una esfera intermedia), ni personajes excéntricos o estúpidos ni actores cómicos.
En suma, durante el carnaval es la vida misma la que interpreta, y durante cierto tiempo el juego se transforma en vida real. Esta es la naturaleza específica del carnaval, su modo particular de existencia.


El niño proletario LAMBORGHINI




Desde que empieza a dar sus primeros pasos en la vida, el niño proletario sufre las consecuencias de pertenecer a la clase explotada. Nace en una pieza que se cae a pedazos, generalmente con una inmensa herencia alcohólica en la sangre. Mientras la autora de sus días lo echa al mundo, asistida por una curandera vieja y reviciosa, el padre, el autor, entre vómitos que apagan los gemidos lícitos de la parturienta, se emborracha con un vino más denso que la mugre de su miseria.
Me congratulo por eso de no ser obrero, de no haber nacido en un hogar proletario.
El padre borracho y siempre al borde de la desocupación, le pega a su niño con una cadena de pegar, y cuando le habla es sólo para inculcarle ideas asesinas. Desde niño el niño proletario trabaja, saltando de tranvía en tranvía para vender sus periódicos. En la escuela, que nunca termina, es diariamente humillado por sus compañeros ricos. En su hogar, ese antro repulsivo, asiste a la prostitución de su madre, que se deja trincar por los comerciantes del barrio para conservar el fiado.
En mi escuela teníamos a uno, a un niño proletario.
Stroppani era su nombre, pero la maestra de inferior se lo había cambiado por el de ¡Estropeado! A rodillazos llevaba a la Dirección a ¡Estropeado! cada vez que, filtrado por el hambre, ¡Estropeado! no acertaba a entender sus explicaciones. Nosotros nos divertíamos en grande.
Evidentemente, la sociedad burguesa, se complace en torturar al nino proletario, esa baba, esa larva criada en medio de la idiotez y del terror.
Con el correr de los años el niño proletario se convierte en hombre proletario y vale menos que una cosa. Contrae sífilis y, enseguida que la contrae, siente el irresistible impulso de casarse para perpetuar la enfermedad a través de las generaciones. Como la única herencia que puede dejar es la de sus chancros jamás se abstiene de dejarla. Hace cuantas veces puede la bestia de dos espaldas con su esposa ilícita, y así, gracias a una alquimia que aún no puedo llegar a entender (o que tal vez nunca llegaré a entender), su semen se convierte en venéreos niños proletarios. De esa manera se cierra el círculo, exasperadamente se completa.

¡Estropeado!, con su pantaloncito sostenido por un solo tirador de trapo y los periódicos bajo el brazo, venía sin vernos caminando hacia nosotros, tres niños burgueses: Esteban, Gustavo, yo.
La execración de los obreros también nosotros la llevamos en la sangre.
Gustavo adelantó la rueda de su bicicleta azul y así ocupó toda la vereda. ¡Estropeado! hubo de parar y nos miró con ojos azorados, inquiriendo con la mirada a qué nueva humillación debía someterse. Nosotros tampoco lo sabíamos aún pero empezamos por incendiarle los periódicos y arrancarle las monedas ganadas del fondo destrozado de sus bolsillos. ¡Estropeado! nos miraba inquiriendo con la cara blanca de terror
oh por ese color blanco de terror en las caras odiadas, en las fachas obreras más odiadas, por verlo aparecer sin desaparición nosotros hubiéramos donado nuestros palacios multicolores, la atmósfera que nos envolvía de dorado color.
A empujones y patadas zambullimos a ¡Estropeado! en el fondo de una zanja de agua escasa. Chapoteaba de bruces ahí, con la cara manchada de barro, y. Nuestro delirio iba en aumento. La cara de Gustavo aparecía contraída por un espasmo de agónico placer. Esteban alcanzó un pedazo cortante de vidrio triangular. Los tres nos zambullimos en la zanja. Gustavo, con el brazo que le terminaba en un vidrio triangular en alto, se aproximó a ¡Estropeado!, y lo miró. Yo me aferraba a mis testículos por miedo a mi propio placer, temeroso de mi propio ululante, agónico placer. Gustavo le tajeó la cara al niño proletario de arriba hacia abajo y después ahondó lateralmente los labios de la herida. Esteban y yo ululábamos. Gustavo se sostenía el brazo del vidrio con la otra mano para aumentar la fuerza de la incisión.
No desfallecer, Gustavo, no desfallecer.
Nosotros quisiéramos morir así, cuando el goce y la venganza se penetran y llegan a su culminación.
Porque el goce llama al goce, llama a la venganza, llama a la culminación.
Porque Gustavo parecía, al sol, exhibir una espada espejeante con destellos que también a nosotros venían a herirnos en los ojos y en los órganos del goce.
Porque el goce ya estaba decretado ahí, por decreto, en ese pantaloncito sostenido por un solo tirador de trapo gris, mugriento y desflecado.
Esteban se lo arrancó y quedaron al aire las nalgas sin calzoncillos, amargamente desnutridas del niño proletario. El goce estaba ahí, ya decretado, y Esteban, Esteban de un solo manotazo, arrancó el sucio tirador. Pero fue Gustavo quien se le echó encima primero, el primero que arremetió contra el cuerpiño de ¡Estropeado!, Gustavo, quien nos lideraría luego en la edad madura, todos estos años de fracasada, estropeada pasión: él primero, clavó primero el vidrio triangular donde empezaba la raya del trasero de ¡Estropeado! y prolongó el tajo natural. Salió la sangre esparcida hacia arriba y hacia abajo, iluminada por el sol, y el agujero del ano quedó húmedo sin esfuerzo como para facilitar el acto que preparábamos. Y fue Gustavo, Gustavo el que lo traspasó primero con su falo, enorme para su edad, demasiado filoso para el amor.
Esteban y yo nos conteníamos ásperamente, con las gargantas bloqueadas por un silencio de ansiedad, desesperación. Esteban y yo. Con los falos enardecidos en las manos esperábamos y esperábamos, mientras Gustavo daba brincos que taladraban a ¡Estropeado! y ¡Estropeado! no podía gritar, ni siquiera gritar, porque su boca era firmernente hundida en el barro por la mano fuerte militari de Gustavo.
A Esteban se le contrajo el estómago a raíz de la ansiedad y luego de la arcada desalojó algo del estómago, algo que cayó a mis pies. Era un espléndido conjunto de objetos brillantes, ricamente ornamentados, espejeantes al sol. Me agaché, lo incorporé a mi estómago, y Esteban entendió mi hermanación. Se arrojó a mis brazos y yo me bajé los pantalones. Por el ano desocupé. Desalojé una masa luminosa que enceguecía con el sol. Esteban la comió y a sus brazos hermanados me arrojé.
Mientras tanto ¡Estropeado! se ahogaba en el barro, con su ano opaco rasgado por el falo de Gustavo, quien por fin tuvo su goce con un alarido. La inocencia del justiciero placer.
Esteban y yo nos precipitamos sobre el inmundo cuerpo abandonado. Esteban le enterró el falo, recóndito, fecal, y yo le horadé un pie con un punzón a través de la suela de soga de alpargata. Pero no me contentaba tristemente con eso. Le corté uno a uno los dedos mugrientos de los pies, malolientes de los pies, que ya de nada irían a servirle. Nunca más correteos, correteos y saltos de tranvía en tranvía, tranvías amarillos.
Promediaba mi turno pero yo no quería penetrarlo por el ano.
—Yo quiero succión —crují.
Esteban se afanaba en los últimos jadeos. Yo esperaba que Esteban terminara, que la cara de ¡Estropeado! se desuniera del barro para que ¡Estropeado! me lamiera el falo, pero debía entretener la espera, armarme en la tardanza. Entonces todas las cosas que le hice, en la tarde de sol menguante, azul, con el punzón. Le abrí un canal de doble labio en la pierna izquierda hasta que el hueso despreciable y atorrante quedó al desnudo. Era un hueso blanco como todos los demás, pero sus huesos no eran huesos semejantes. Le rebané la mano y vi otro hueso, crispados los nódulosfalanges aferrados, clavados en el barro, mientras Esteban agonizaba a punto de gozar. Con mi corbata roja hice un ensayo en el coello del niño proletario. Cuatro tirones rápidos, dolorosos, sin todavía el prístino argénteo fin de muerte. Todavía escabullirse literalmente en la tardanza.
Gustavo pedía a gritos por su parte un fino pañuelo de batista. Quería limpiarse la arremolinada materia fecal conque ¡Estropeado! le ensuciara la punta rósea hiriente de su falo. Parece que ¡Estropeado! se cagó. Era enorme y agresivo entre paréntesis el falo de Gustavo. Con entera independencia y solo se movía, así, y así, cabezadas y embestidas. Tensaba para colmo los labios delgados de su boca como si ya mismo y sin tardanza fuera a aullar. Y el sol se ponía, el sol que se ponía, ponía. Nos iluminaban los últimos rayos en la rompiente tarde azul. Cada cosa que se rompe y adentro que se rompe y afuera que se rompe, adentro y afuera, adentro y afuera, entra y sale que se rompe, lívido Gustavo miraba el sol que se moría y reclamaba aquel pañuelo de batista, bordado y maternal. Yo le di para calmarlo mi pañuelo de batista donde el rostro de mi madre augusta estaba bordado, rodeado por una esplendente aureola como de fingidos rayos, en tanto que tantas veces sequé mis lágrimas en ese mismo pañuelo, y sobre él volqué, años después, mi primera y trémula eyaculación.
Porque la venganza llama al goce y el goce a la venganza pero no en cualquier vagina y es preferible que en ninguna. Con mi pañuelo de batista en la mano Gustavo se limpió su punta agresiva y así me lo devolvió rojo sangre y marrón. Mi lengua lo limpió en un segundo, hasta devolverle al paño la cara augusta, el retrato con un collar de perlas en el cuello, eh. Con un collar en el cuello. Justo ahí.
Descansaba Esteban mirando el aire después de gozar y era mi turno. Yo me acerqué a la forma de ¡Estropeado! medio sepultada en el barro y la di vuelta con el pie. En la cara brillaba el tajo obra del vidrio triangular. El ombligo de raquítico lucía lívido azulado. Tenía los brazos y las piernas encogidos, como si ahora y todavía, después de la derrota, intentara protegerse del asalto. Reflejo que no pudo tener en su momento condenado por la clase. Con el punzón le alargué el ombligo de otro tajo. Manó la sangre entre los dedos de sus manos. En el estilo más feroz el punzón le vació los ojos con dos y sólo dos golpes exactos. Me felicitó Gustavo y Esteban abandonó el gesto de contemplar el vidrio esférico del sol para felicitar. Me agaché. Conecté el falo a la boca respirante de ¡Estropeado! Con los cinco dedos de la mano imité la forma de la fusta. A fustazos le arranqué tiras de la piel de la cara a ¡Estropeado! y le impartí la parca orden:
—Habrás de lamerlo. Succión—
¡Estropeado! se puso a lamerlo. Con escasas fuerzas, como si temiera hacerme daño, aumentándome el placer.
A otra cosa. La verdad nunca una muerte logró afectarme. Los que dije querer y que murieron, y si es que alguna vez lo dije, incluso camaradas, al irse me regalaron un claro sentimiento de liberación. Era un espacio en blanco aquel que se extendía para mi crujir.
Era un espacio en blanco.
Era un espacio en blanco.
Era un espacio en blanco.
Pero también vendrá por mí. Mi muerte será otro parto solitario del que ni sé siquiera si conservo memoria.
Desde la torre fría y de vidrio . De sde donde he con templado después el trabajo de los jornaleros tendiendo las vías del nuevo ferrocarril. Desde la torre erigida como si yo alguna vez pudiera estar erecto. Los cuerpos se aplanaban con paciencia sobre las labores de encargo. La muerte plana, aplanada, que me dejaba vacío y crispado. Yo soy aquel que ayer nomás decía y eso es lo que digo. La exasperación no me abandonó nunca y mi estilo lo confirma letra por letra.
Desde este ángulo de agonía la muerte de un niño proletario es un hecho perfectamente lógico y natural. Es un hecho perfecto.
Los despojos de ¡Estropeado! ya no daban para más. Mi mano los palpaba mientras él me lamía el falo. Con los ojos entrecerrados y a punto de gozar yo comprobaba, con una sola recorrida de mi mano, que todo estaba herido ya con exhaustiva precisión. Se ocultaba el sol, le negaba sus rayos a todo un hemisferio y la tarde moría. Descargué mi puño martillo sobre la cabeza achatada de animal de ¡Estropeado!: él me lamía el falo. Impacientes Gustavo y Esteban querían que aquello culminara para de una buena vez por todas: Ejecutar el acto. Empuñé mechones del pelo de ¡Estropeado! y le sacudí la cabeza para acelerar el goce. No podía salir de ahí para entrar al otro acto. Le metí en la boca el punzón para sentir el frío del metal junto a la punta del falo. Hasta que de puro estremecimiento pude gozar. Entonces dejé que se posara sobre el barro la cabeza achatada de animal.
—Ahora hay que ahorcarlo rápido —dijo Gustavo.
—Con un alambre —dijo Estebanñ en la calle de tierra don de empieza el barrio precario de los desocupados.
—Y adiós Stroppani ¡vamos! —dije yo.
Remontamos el cuerpo flojo del niño proletario hasta el lugar indicado. Nos proveímos de un alambre. Gustavo lo ahorcó bajo la luna, joyesca, tirando de los extremos del alambre. La lengua quedó colgante de la boca como en todo caso de estrangulación.

jueves, 10 de marzo de 2011

RESIGNIFICACIÓN MITOLÓGICA....¿QUÉ PASARÍA SI KALIPS, KIRKE SE ENCUENTRAN CON PENE, DIGO PENÉLOPE?"




“Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos
que anduvo errando muy y mucho después de la Guerra de Troya
vio hombres y mujeres, en su mayoría ninfas,
conoció su talante y de repente, en el mar y en un extenso periplo
trató de regresar a su isla con sus hombres,
pero ¡Ay desdichado, él! No sólo perdió a sus compañeros de viaje
sino que se quedó solo en el mar, y las embravecidas olas
que lo llevaron a diferentes costas de las que ni él, astuto en ardides,
pudo entender (ni escapar)”


El amanecer en la isla de Kalipso era como todos los amaneceres mediterráneos. El cielo tendía su manto rosado para darle presencia, a Eos, la de dedos de rosa, para que el nuevo día tuviera un buen augurio. Hacía años que la isla estaba casi deshabitada. Se dice casi, porque Ulises, luego de un año de haber permanecido en esa isla, por decisión de los dioses y una ridícula Asamblea, decidieron que debería el héroe epónimo retornar a la isla de Ítaca, (Isla de pastores, rústica si las hay!) junto a su venerada (y no venerable) Penélope que desde hacía unos cuantos años andaba tras el paradero de su marido, rezándole a los dioses para que se lo devolviesen sano y salvo (y sin ninguna enfermedad de transmisión sexual).


Se dice que Kalypso, divina entre las diosas, mantenía al infeliz Odiseo deseando que fuera suyo. Lo que la Odisea no relata, es que en definitiva, ella fue la que se cargó un hacha al hombro para ayudarlo a construir una balsa y que ese vago inefable (que lo único que hacía era idolatrar lo inexistente se tomara el palo de la isla). Ella había sido advertida en reiteradas oportunidades por los dioses del Olympo, pero bastó que un poco de presión ejercida por Hermes la ayudara a tomar la decisión que debía haber tomado desde hacía por lo menos un año, cuando ese forastero arribó a su isla pidiendo ayuda para no seguir “en bolas y a los gritos sin hogar”. Y, por otra parte, cuando el muy infame se pasó un año prometiendo el oro y el moro, hasta que ella le ofreció el vino de la inmortalidad y el muy cagón empezó a mirar el mar para huir como siempre lo hizo desde que participó en Troya.

Porque si algo debemos decir de este héroe, el astuto en ardides, (su epíteto más famoso) es que logró hacerse famoso por el arte de la mentira. Hasta tal punto, que él se creía sus propias mentiras. Bastante difícil le fue en el palacio de Alcinoo andar diciendo que era él el de la treta del caballo de Troya, y mucho menos andar contando que él fue el que dejó que sus compañeros murieran en alta mar (y menos contar el episodio en la isla de Eea, donde habitaba Circe –KIRKÉ, en griego- que era algo para ocultar de forma necesaria ya que si su mujer se enteraba que aparte de haberse curtido a Kalypso, encima anduvo en otra isla, haciéndose el galán de feria con Kirké, Penélope poco creería en la fidelidad de su consorte).




Pero Kalypso, divina entre las diosas, había sido advertida. Dicen que las mujeres tienen un sexto sentido para comprender cuando están frente a un mentiroso con pocos valores. Cuentan los rapsodas, que para preparar la tragedia de la caída de Illión, Ulises el muy cobarde, no tenía ni dos gramos de ganas de ir, entonces se escudó en que era un gran padre y gran esposo, por lo que no estaba interesado en ir a una guerra. Pero como la guerra es lo que determina la hombría de los verdaderos ´heroes´, el fecundo en mentiras, se hizo pasar por loco para no ser convocado al ejército de los Átridas. (Si con ese pequeño detalle, la gansa de Kalypso le dio albergue, ya era por muliebris impotentia pura, lo que en el barrio se lo denomina plenamente “estupidez”). Sin embargo, hubo otra antes que Kalypso que se dio cuenta al toque de las características del héroe que se hacía llamar “Nadie” (porque todavía no había descubierto que podía ser “todos y ninguno” en la vida de las personas) y esa fue Kirke o Circe según los traductores.

Cuentan que en la Isla de Eea, habita Kirke, la de las lindas trenzas, la terrible diosa dotada de voz, hermana carnal de Eetes, es decir ambos hijos de Helios, el que lleva la luz a los mortales y de Perses, la hija del Océano. Su prima, dicen que era Medea, famosa por haber tejido un vestido envenenado que prendió fuego a la prometida de Jasón, cuando a éste gracioso se le ocurrió abandonarla por Glauce, una chirusita de Corinto. Pero mis queridos lectores, no nos desviemos del tema en cuestión. El hecho fue que una tarde, mientras se celebraba uno de los banquetes que solía celebrar Kirke en honor de sus amistades y de sus animalitos. Porque si algo tenía de divina esta diosa, era una bella varita, con la que transformaba a los hombres de acuerdo a su esencia en animalitos. Supónganse que de repente, si se encontraba frente a un hombre con hongos en los pies, instantáneamente éste era transformado en cerdo; en el caso de encontrar un hombre con valentía, era transformado en león. Pero frente a Ulises, la varita no surtió efecto, pues este estaba avisado de las intenciones de la hechicera, (y la verdad es que podemos suponer que el muy avezado héroe podía llegar a ser transformado en su esencia de sapo, escuerzo, salamandra, axolotl y todo anfibio ya que le gustaba el agua, como a cualquier “nene de mamita” que desea volver al útero materno para evitar los problemas de la adultez).

Pero el episodio que aquí nos compete es otro. Es el del gran encuentro. Estaba Kirke en pleno banquete, rodeada de animalitos y de sus beneméritas amigas cortesanas cuando de repente le avisan de la llegada de un barco. ¿Un barco? Por dios, cuánto hace que mandé al ridículo de Ulises a los brazos de las sirenas para que le digan lo que él desea oír, (en el fondo ella también lo había mandado al Hades pero para que justamente se quedara allí como correspondía a persona que está borrada de la faz de la tierra). Y así es, mis avezados lectores, un barco con una comitiva. Kirke, educada, como corresponde a la hija de un dios, hizo los honores correspondientes e invitó a la comitiva aparentemente “real” a formar parte del banquete cuando de repente se encuentra con una señora frente a ella. Increíblemente, era Penélope. Sí, sí, Penélope, la Tindárea, que había salido a dar una vuelta en una embarcación con algunos cuantos pretendientes entre los que estaba Antinoo y Leodes. Pues parecía, que Penélope, un poco cansada de andar esperando a Ulises decidió salir en una especie de lo que nosotros, en la actualidad llamaríamos “yate” y salió a navegar para tratar de devolverle alguna a su corrupto esposo. Y dando tantas vueltas, un presagio le apareció en un sueño. Ella, que se comunicaba entre sueños con su marido, el ilustre Ulises, de repente dejó de tener la comunicación soñolienta. Entonces, por si las moscas, recurrió al adivino Tiresias, famoso porque es ciego, pero más por ver todas las cosas que pasan y éste, de muy buen grado le dijo: “Sí, Ulises te caga con Kirke, y ella vive en la Isla de Eea, y si querés te paso el celular” (imaginemos que haya ocurrido así, porque la verdad, Penélope que era el modelo de la fidelidad y de la espera constante, era un poquito bizarra apareciéndose en la isla pidiendo explicaciones acerca del comportamiento de su marido, hecho que debería haberlo hablado directamente con él, sin embargo, tal como ocurre en el presente. Ulises andaba un poco desaparecido del mundo, por lo que era necesario recurrir a alguien que le dijera “LA VERDAD”.



Kirké se rió ante la presencia rústica de Penélope y su comitiva real que no eran más que cuatro gatos locos vestidos de blanco ala que aparentaban haber comprado indumentaria en la salada; pero con un linaje apropiado como el que ella tenía, la invitó a tomar asiento provocándose el siguiente diálogo:

P:_“¿Vos sos la que te garchás a mi “novio/marido/ pseudo lo que fuere?”

K:_ . . .

P: _ “No te hagas la zorra, yo sé que él se está acostando con alguien y me dijeron que sos vos”

K: _ . . . (mientras escuchaba la forma de hablar y se daba cuenta de que evidentemente en la Isla de Ítaca era necesaria de forma urgente alguna clase de escuela, primaria secundaria, y o reglamento de buenos modales porque estaba teniendo uno de esos secretos ataques de risa)

P: _”Mirá, si estoy acá es porque quiero a Ulises. Porque estoy enamorada, y hablo con el corazón (Ok, mandá al corazón a la escuela, bruta) y yo me la paso laburando como una pelotuda (¿de qué?, ah cierto, PANADERIA.COM) y yo sé que él está haciendo cualquiera con vos.

K: _ “Realmente, como corresponde a mis códigos, no voy a responder nada. Pues, sería interesante que lo puedas hablar con el propio Ulises y que él te de la información que estás buscando, ya que conmigo no sólo estás mostrando rusticidad, sino patetismo y me esá dando vergüenza ajena este momento. Así que sería interesante que te tomes dos MOLICIE (que serían dos alplax de nuestro momento) y luego intentes hablar serenamente…”

P:_ “Yo no seré tan inteligente, pero hago terapia y psicoanálisis y me doy cuenta de las cosas y de que …. Y yo …y yo sé que él…. Y blablablablablablabla

K: _ “Si sabés tanto psicoanálisis, y tenés tanta terapia hecha…¿por qué no le sacás los signos de interrogación a tu primer pregunta y te volvés a Ítaca poniendo de patitas en la calle al ridículo de Ulises que está pululando hasta con Polifemo? (ya, descompuesta de la risa, evidentemente el vino la estaba relajando a Kirke…)

P:_ “Porque NECESITO a Ulises. Tengo a Telémaco, y NECESITO la figura de una familia. Y yo sé que soy linda y toda la bola, pero NECESITO que esto funcione. Porqu él esta solo en el mar, y yo lo voy a esperar hasta que él pueda hablar. Pero quiero estar segura de que él no se anda acostando con medio Mediterráneo.

Y ahí Kirke, sintió pena por la Tindárea Penélope, que prefería tejer mortajas y destejerlas en vez de enfrentar la verdad: QUE ULISES ERA NADIE, él mismo se había puesto ese nombre para emplear a Polifemo. Y la ira y la burla desapareció. Se dio cuenta de que era tan infeliz ella con su necesidad y agujerito insatisfecho, como la infelicidad de aquel que estaba dando vueltas por el mar con el deseo de volver a la isla pero con el deseo de seguir con sus aventuras por todo el Egeo. Y qué se le va a hacer, frente a una mujer sufriente. Entonces Kirke le dijo todo aquello que ella quería escuchar: la fidelidad de su amado Ulises –que era tan fingida como la estructura que él prometía-, el sueño de Telémaco y la familia feliz, y todo eso que se estaba viniendo abajo como castillo de naipes por culpa de Kirke y la facilidad de bragueta de Ulises.

Kirke sintió pena por aquella que lloraba. Sintió lo más bajo y rebajante del rol de la que se anduvo acostando y la que anduvo meta banquete por mucho tiempo con ese infatuo héroe de copetín. Y hubiese tomado la varita para desaparecerse ella de la escena y dejar que por una vez, el Destino y las Moiras fueran más sabias que la piel. Pero a la inversa, tomando la varita con la mano izquierda, transformó a Penélope y a su séquito en un grupo de gatos de angora, con mucho pelo y con la cara aplastada. Para que recordaran que una cosa es ser felino con bello pelo para ser acariciado, pero otra muy distinta es que la cara te quede aplastada por no tolerar la verdad…

Y en cuanto a lo ocurrido con Ulises, cuentan que luego de Kirke, Kalypso, el canto de las sirenas, la otra Natu, digo Nausicaa…y miles de millones más…dicen los que saben que intentó una última aventura, escapando (como siempre) pero frente a él, encontró una montaña gigantesca que lo terminó devorando y haciendo que las velas de sus barcos perdieran el rumbo. Y pereció bajo su elemento: el mar. Y juro que esto no lo digo yo, lo contó Borges en sus “Nueve ensayos dantescos”. Y el castigo de Ulises es estar en el círculo de los soberbios, alejado de todos, hecho una simple llamita que trata de comunicarse, y no puede hacerlo. Pues era necesaria tanta agua para apagar el fuego de un Nadie, que nunca más se supo de él…

FIN


lunes, 21 de febrero de 2011




“se es tal y cómo se quiere
se llora lo que se llora
uno no elige de quién se enamora
ni elige qué cosas a uno lo hieren”


En un ataque de romanticismo, (innegable) ella le pidió perdón. Le pidió perdón de casi rodillas. Le pidió perdón por haberlo lastimado, pero por sobre todas las cosas le pidió perdón porque en el fondo todas aquellas acciones tenían que ver con esa naturaleza que le era propia.

En un ataque de innecesaria nobleza, Él la perdonó. No la perdonó por su pérdida de control. Él, el más noble de los que ella conocía, la perdonó porque entendía que ella era así, todo ese actuar que en el fondo era un miedo atroz a que alguien viera por debajo de la coraza. Simplemente le dijo que ella se tomara su tiempo para pensar lo que realmente quería.

En un ataque de total histeria, ella se replegó y mostró que no iba a ser posible que él tuviera el tupé de perdonarla, ya que ella ahí no lo respetaría nunca más. Y eso para que le quedara bien clarito a ese que de repente si no le ponía los puntos ella nunca iba a aprender. Ella necesitaba límites (sin chuparse el dedo, lo dijo)

En un ataque de benevolencia, él, con toda esa forma rapidísima de hablar (más que ella) le preguntó si era cuestión de besos, de amores o de porros. Ella se quedó helada por la pregunta. Claro, porque si eran besos, era algo simple. Ella podría besarse con quien deseara todo el tiempo, porque esa es la naturaleza de ella. Si tenía que ver con amores, pues era simple, ya que cualquiera que conociera sus ataques de pánico sabría que es una forma tan imposible que ella ame, como que acceda a quitarse el flequillo. Es parte de su personalidad. Ahora si es un tema de porros, implicaba otra cosa: la no posibilidad de dejar un círculo que no compartía.

En un ataque de llanto ella juró que en el fondo se estaba equivocando, que la había juzgado mal, que se había quedado con una plena imagen de la ignominia, que ella es mucho más. Él, asintió (no por nada es un ángel) y le sonrío con toda la cara y la mirada. El problema fue que esa imagen le quedo prendada cuando se fue del umbral. Y del lado de allá, en plenas serranías se fue para que ella piense si tiene ganas de sentir o si tiene ganas de querer tal como es ella…

El problema es ‘¿y cómo es ella?’

La Maison en Petits Cubes

viernes, 11 de febrero de 2011

ay ay ay





En el fundamentalismo de las palabras
En la idiosincracia de las letras sin sentido
En la dificultad de encontrar las palabras que sirvan
En la incomunicacionalidadística del tiempo que ya no existe
Sólo me pregunto en qué diablos (y no puntas)
Y de repente pienso en recuerdos que ya son sinsabores
En las palabras que dan vuelta como acrósticos
Y como caleidoscopios anagrámicos de infames que son féminas
Es así como me vuelvo REINA de las palabras
Consentido, porque nuestro lenguaje es puramente consentido
Y de una retórica puramente sofista (que busca un rédito)
Las palabras se nos vuelven líquidas
Para quienes nos damos cuenta de que en la sopa fría de las letras
Hay una doble articulación que se expresa fónicamente
(pero nunca significativamente)
(o será significantemente)
Y termina con un las palabras se las lleva el viento
Con un paf, se acabó.

Y ES EN ESA INSANÍA DE LA IMPOSIBILIDAD DONDE UNO LEGITIMA LA INCAPACIDAD DE EXPRESAR LA INCONSTANCIA Y EL INCONFORMISMO DE LA NO ACCIÓN. Y VUELVE TODO AL CIRCULO VICIOSO DEL “NO”. NEGACIÓN ABSOLUTA DE LA VILEZA Y DE TODO AQUELLO QUE SIGNIFICA LA VUELTA A LAS PALABRAS. (Y ESO QUE A LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO) PERO EL REGRESO A LAS PALABRAS Y A LOS SINTAGMAS QUE TIENEN ESTRUCTURA SUPERFICIAL DE VARIAS CLASES Y ESTRUCTURAS PROFUNDAS QUE POSEEN LA PROFUNDIDAD DE UNA ZANJA DE ESQUINA BARRIAL. UNO SE MIRA EN EL ESPEJO DE UNA INNOMBRABLE REALIDAD QUE EN FONDO NO ES MÁS QUE BLABLETAS INSIGNIFICANTES.

jueves, 10 de febrero de 2011

CRÓNICAS URUGUAYENSES (ETO E´ PARA VO’!)




Cual Odiseo tratando de llegar más allá, luego de la terrible guerra en que cayó Illión, ella se subió a la nave, que si bien no se llamaba “Nautilus” (cosa positiva, sino ella se habría transformado en “Nemo-neminis”) era más pintoresca, pues estaba dotada de un free shop en el cual la sujeta se iba a poner tan cachonda como Jenna Jameson, pero en este caso frente a todo el paraíso comprable con el vil metal. Jenna también.

Lindo Lindor, es fumar en cubierta. Y con la cabeza encubierta de ideas se fue cruzando el charquito para no volver. Tenía claro que del lado de allá, era mirar a la misteriosa Buenos Aires y al maldito tufo con aire de desarraigo. Años pasaron de su último retiro en febrero. Años de la NO-DESCONEXIÓN-SIDERAL-CON-NADIE, y sin embargo, no sólo el viaje la desconecta del mundo sino que un celular le es robado por un amigo caco, sino que encima, no puede recibir ni comunicarse por carecer del servicio ROAMING. Cualquiera diría “que esa extraña ruleta a la que uno llama destino” conspira con los astros y con Ofiuco para que la chiquita no tenga contacto con nadie.
Y así como Tom Hanks con Wilson (menos disparatadamente) pero sin tanta barba (ok ok, se me aclaró el pelo!!!!) así, se fue a cruzar el Río de la Plata, no sin entonar las siguientes palabras de OTRO CIEGO que cruzó ese río anteriormente:

¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.
Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.
Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

Maravillada de tanta belleza, y de que no se había mareado, se dispuso a apagar su celular, no por obediencia al señor Capitán, sino como en acto de aceptación del destino incierto. De verdad que se veía hermoso el alejamiento de la patria. Tanta verdad como era en realidad dejar cosas atrás. Atrás quedaban los quilombos que habian ocupado su cabeza, tanto que la habían obligado a movilizar(se) más de la cuenta. Pero lo más importante (e infortuno) tenía que ver con la importancia del escape. Claro es que siempre fue una fugitiva del destino pero cierto era también que desde hacía un año que nada bueno pasaba en esta tierra de humedad y vacío, y que si nada bueno hay del lado de acá entonces hay que mirar del lado de allá para encontrar lo bueno y lo profundo donde parece no haber nada…y dando vuelta con palabreríos irresolutos (pero poco solventes) se le viene otra canción, casualmente (causalmente) era la canción que se autocanta cuando tiene mal humor:

Puede ser que yo siempre este pensando en mi buen aspecto
No se si deba decirtelo, cariño
Pero no he encontrado nada mas profundo aun
Todo lo que leiste
Todas las peliculas que viste
Y Todo fue directo a tu cara

Si pensas que el alma no se ve
El alma si se ve en los ojos

Se ha dicho tanto que las apariencias engañan
Por supuesto que engañaran
Al que sea tan vulgar como para creerlo

Valgan mis labios le dan sabor a cada cosa que digo
Si pensas que el alma no se ve
El alma si se ve y puede combinar muy bien

No es verdad lo que dicen
Es verdad lo que hagas
No es verdad lo que dicen
No!

No es verdad lo que dicen
Y es verdad lo que hagas
No es verdad lo que hagas
Como un payaso de gala


Obviamente que cambia la onda del poemita por la canción de Sergio Pangaro para poder pensarse que en el caso de una posible KA-tástrofe, este sea uno de los momentos órficos en los que ella se redime de tanta maldad mediante un conjuro de cancion melosa y gomosa de manera tal que los dioses se apiaden de ella y pueda zafar de una muerte sin la planchita y sin tacos en medio de la Isla Martín García (Martín Gracia!!!! Chiste interno, pero hace nuevamente asociaciones y el sintagma Martín-Isla-Perón-Eva-Ave, viene solitooooo) y así, a plena carcajada se da cuenta de que sería un gran momento para ponerse a mirar y escribir papelitos que caigan al agua. De repente el sueño se le hizo mas claro: el buquebus y ella arrojandose al agua por libros, era ella arrojandose por un pasado insalvable porque estaba totalmente deshilachado. Era tan obvio que le dio verguencita haber pagado a su psicoloca para la respuesta que siempre estuvo ahí.
En forma de rebeldía y de desconexión con la parte que es ella, pero que es la KAReta oficial, toma una Paparazzi y se detiene con el chimento de la vedettonga de turno junto al futbolista que cornea. Divertida y con el pucho prendido, salta a leer los fracasos del verano…y así, ruega a las musas que le conserven la memoria solo para poder arrojarla ella misma, por la borda…