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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Exigencias por Alejandro Dolina | El bar del infierno




Un joven persa llamado Daraiawa se enamoró de Cira, la hija de un comerciante de Susa. Ella no lo correspondió, pero para divertirse un rato, tuvo la idea de obligarlo a realizar hazañas imposibles o enojosas, con la promesa de entregarle su amor si las cumplía exitosamente.

En primer lugar, Daraiawa fue a buscar los frutos del árbol de la sabiduría, que crecía no lejos del río Indo, en los confines del Imperio. Los frutos provienen de una higuera que está rodeada de centenares de otras higueras, cuyos higos producen conocimientos falsos.
El joven permaneció largo tiempo en una enorme biblioteca que hay junto a los árboles. Allí indagó en los libros secretos la forma de diferenciar un fruto de otro.

Después, tuvo que profanar el templo de Maharashtra, donde sólo pueden entrar los monjes de la Orden del Águila. Daraiawa cumplió durante siete años las arduas tareas del noviciado y finalmente fue ordenado monje, entró al templo y robó unas reliquias que entregó luego a la joven Cira.

A lo largo de los años, Daraiawa fue matando dragones, escalando montañas, resolviendo enigmas y desobedeciendo leyes sagradas.
A cada hazaña cumplida, Cira le encargaba otra, prometiendo que sería la última.

Finalmente, ella le dijo que nunca lo amaría. A Daraiawa no le importó mucho porque él ya estaba viejo y Cira también.
Murió poco después, creyendo que no había sido amado por la insuficiencia de sus proezas.

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